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¿QUÉ PASA EN AMÉRICA LATINA?

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 21 nov 2019
  • 7 Min. de lectura


SE PRENDE FUEGO TODO EN TODAS PARTES ¿DE QUIÉN ES LA CULPA?


América Latina se prende fuego. Sin importar el tinte ideológico de los gobiernos, desde el Caribe hasta los hielos fueguinos, y cruzando la Cordillera de Los Andes desde el Pacífico al Atlántico, vemos conflictos de índole económica, social y política. Analistas de una y otra orilla del espectro ideológico no dan pie con bola a la hora de caracterizar lo que sucede.


Desde ya, no faltan los análisis insólitos, hasta histriónicos. Harari, referente de un grupo trotskista en Argentina, llegó a decir desde Infobae (el medio de La Embajada) que en Bolivia no hay Golpe de Estado, sino una insurrección popular (sic) (1). Luis Rosales, periodista especializado en política internacional y candidato a vicepresidente de Espert, señaló que lo que estaba ocurriendo era una "primavera latinoamericana", haciendo referencia a la "primavera árabe" que entre 2010 y 2013 se llevó puesto varios gobiernos. Resulta cuestionable comparar América Latina con la situación de gobiernos autoritarios, de índole muy diversa, en países dónde las insurrecciones tuvieron motivaciones muy distintas y donde el fundamentalismo religioso no estuvo ausente.


En un marco más razonable aparecen las posiciones que hablan desde la derecha de una supuesta ola democratizadora en América Latina, después de años de populismo y décadas de institucionalidad floja de papeles. Menos ambiciosa, también existe la tesis acerca de la crisis de la democracia representativa. En sintonía similar aparecen quienes nos dicen que NO "es la economía, estúpido" (2), que el conflicto regional es eminentemente político. Las evidencias las encontraríamos en Chile y Bolivia, los países que mayor nivel de conflictividad presentan hoy en día, y cuyas economías crecen de manera sostenida hace varios años.


Foto: Abad Miranda
Foto: Abad Miranda

Pero, ¿es realmente así?, ¿es la política y no la economía? ¿son las dos? ¿es un problema contemporáneo cuya novedad hay que buscarla en una crisis de representatividad? Más áun, ¿hay novedad? ¿hay rupturas o continuidades con la historia de nuestro continente?



OTRA VEZ LA ECONOMÍA


Es cierto, quienes sostienen que NO "es la economía, estúpido", tienen un punto válido ¿por qué se incendian los países que por izquierda o por derecha fueron elegidos como paradigmas para la región? Si bien es verdad que tanto en Chile como en Bolivia el crecimiento económico es sostenido, sostengo que justamente es el modelo económico lo que está en juego en los dos países, y en buena medida, el telón de fondo de la crisis latinoamericana. Puntualmente, se disputa el excedente y cómo se reparte.


En Chile, hace años existe un modelo económico implantado por una dictadura cívico-militar. En su programa fundacional, la dictadura pinochetista no sólo dejó un modelo económico como herencia, ¡hasta impuso la Constitución que hoy día se mantiene vigente! El crecimiento de los últimos 30 años es innegable. Ahora, durante mucho tiempo importantes sectores políticos y académicos impugnaron el modelo chileno porque crecimiento no es lo mismo que desarrollo. Se puede crecer, pero si no hay redistribución de la riqueza, los pobres siguen siendo pobres mientras los ricos son cada día mucho más ricos. Y ahí está el problema. A la amplia mayoría del pueblo chileno le tocó ver los "beneficios" del "milagro" desde la vidriera. Sumándose la situación de precariedad de una clase trabajadora en un país donde la salud, la educación superior y las jubilaciones están privatizadas.


Crecimiento económico en Chile (1973-2018)

Crecimiento económico en Chile (1973-2018)


Crecer no es determinante y el modelo puede estallar igual. En este caso, el crecimiento con distribución del ingreso regresivo implosiona a partir de la base de la estructura social: insurrección popular con reclamos fundacionales, de cambio de Constitución y fuertemente anti sistema. En Bolivia se produce la situación diametralmente inversa. El crecimiento con distribución del ingreso progresivo implosiona por la cima de la estructura social, y lo hace a través de un golpe de Estado comandado por una élite colonialista que, como tal, es profundamente rentista y racista. Mientras en un país la explosión social se da porque una mayoría no se apropia del excedente generado por el crecimiento, en el otro país sucede lo contrario. La oligarquía racista de Santa Cruz, la Bolivia blanca, que se vio perjudicada fundamentalmente por la nacionalización de los hidrocarburos que les impidió quedarse con buena parte del excedente es quien dirigió políticamente la movilización civil, policial y militar que derrocó a Evo Morales, el presidente constitucional.


Estas situaciones son emergentes de un contexto regional donde sí existe hace unos años una crisis del modelo de acumulación. Crisis que excede los objetivos de esta nota pero que se expresan con un menor crecimiento en el mejor de los casos, y con crisis o recesión en la mayoría, que se traducen en conflictos sociales o políticos. Argentina, Ecuador, Venezuela, Perú, Colombia y Brasil se suman a un listado del que casi ningún país sudamericano queda exento. El modelo económico está en el centro de la escena y como telón de fondo de la crisis regional. Pero, atrás del telón… ¿qué es lo que nos queda?



TRAS EL TELÓN, EL DIABLO SABE POR VIEJO


A esta altura espero que, como mínimo, haya quedado clara mi posición. La lucha de clases se agudiza porque o bien la torta a repartir se achicó y los poderes fácticos no quieren resignar espacios de privilegio, o bien la torta creció pero no todos los sectores se apropiaron de ese crecimiento. Si quienes se comieron la mayor parte son los de abajo o los de arriba determinaron las formas en que estallaron los conflictos: insurrección popular o Golpe de Estado.


Pero la situación bien podría haberse desenvuelto de otra forma. En definitiva, en Europa hace años que los países no crecen o crecen poco. Pero para que haya habido un desenlace alternativo hacen falta dos elementos ausentes en Latinoamérica: elites políticas y económicas democráticas y la abstención de intervenir por parte de la embajada yanqui.

Cuando corremos el telón de la crisis económica aparece un actor viejo y conocido: Estados Unidos de Norteamérica. Al final, tanto se rompieron la cabeza debatiendo las novedades de la situación regional, las supuestas virtudes de una "nueva" derecha "democrática" y llegamos al final de la historieta con un protagonista viejo y conocido.

Hace mínimo una década que en toda la región se reproduce el mismo modus operandi para erosionar la legitimidad de les líderes populares: denuncia y condena mediática, solventada a través de sectores del poder judicial con fuertes vínculos con la política. Lawfare, como le dicen les que saben. Si bien la repetición de las mismas formas de actuar en todos los países nos podía hacer especular con cierta organización y premeditación, luego del Caso D`alessio (3) en Argentina quedó claro que detrás de todo esto está el accionar de la Embajada Yanqui y servicios de inteligencia foráneos.


Es que el diablo sabe por viejo, y tras el fracaso de las dictaduras cívico-militares en la región, el imperialismo norteamericano se valió de recursos alternativos para atacar a dirigentes políticos que durante al menos una década y media conquistaron derechos para las mayorías. El lawfare tuvo diferentes desenlaces. En el mejor de los casos, la derecha obtuvo por esta vía los votos que no conseguían con los argumentos políticos. Pero en otros casos, derivó en golpes blandos, donde se destituyeron legítimos presidentes mediante impeachments parlamentarios. Finalmente, Sudamérica vio la peor cara de su derecha en Bolivia, donde resurgieron los militares y policías como actores políticos y derrocaron al presidente constitucional, Evo Morales.



UN DESAFÍO LATINOAMERICANO


Con el lawfare primero, los golpes blandos después, y un Golpe civico-militar por último, los Estados Unidos fueron decisivos en la contienda política latinoamericana. La lucha de clases no tiene un ganador natural, sino que lo determinan las relaciones de fuerza. El antagonismo entre el capital y el trabajo en América Latina tuvo, y como vemos tiene, en los Estados Unidos un imparcial árbitro que inclinó la cancha a favor de los sectores dominantes.


Ante esta situación la unidad latinoamericana tiene que convertirse en una realidad. Mucho se ha escrito sobre la importancia de construir bloques regionales donde haya integración no sólo política sino también económica. Fue, sin dudas, lo que permitió que la Unión Europea sea sostenible en el tiempo. Pero hoy no están dadas las condiciones para pensar en algo semejante. Podemos hacer autocrítica del pasado pero reconstruir un escenario regional como el que hubo apenas unos años atrás para "volver mejores", en un contexto como el analizado en las líneas precedentes, no parece ser una opción. Al menos en el corto plazo.


A mano tenemos la construcción de una Internacional Progresista que aglutine a los sectores populares de América Latina. Organizaciones políticas, sociales y sindicales nos debemos la tarea de pensar el escenario regional para poder caracterizar a tiempo los sucesos y proponer líneas de intervención concretas. Concretas, y organizadas. Porque si hace años vemos la coordinación de la derecha digitada desde el norte, debemos enfrentarla con una coordinación popular organizada horizontalmente desde el Sur.


Para eso, es necesario saber el rol que cada país debe ocupar. No es lo mismo el rol de Alberto Fernández en una Argentina con la economía arrasada que el de los sectores populares bolivianos que deberán resistir un golpe. Ni el de la izquierda venezolana que tiene que repensar el modelo económico y salir de la parálisis política o la izquierda brasilera, con la liberación de Lula y un gobierno fascista cómplice del asesinato de Marielle Franco.


Como en el ajedrez, las fichas tienen diferentes movimientos y roles con el mismo objetivo: defender el rey propio y hacerle jaque mate al enemigo. Nuestra primer tarea tiene que ser esa: saber cómo debemos movernos cada movimiento popular en el tablero regional para vencer al imperialismo norteamericano y las elites antidemocráticas. Esa tiene que ser la labor de una internacional popular en América Latina. Es ahora o nunca, unides o dominades.



(1) Fabián Harari, del grupo trotskista Razón y Revolución, escribió una editorial para Infobae el 12 de noviembre, titulada "No hay golpe en Bolivia: Evo Morales cae por una insurrección popular". https://www.infobae.com/america/opinion/2019/11/12/no-hay-golpe-en-bolivia-evo-morales-cae-por-una-insurreccion-popular/

(2) La cita hace referencia a "es la economía, estúpido", consigna con la cual Bill Clinton llevó adelante su campaña electoral en Estados Unidos, durante el año 1992, y con la cual venció a George Bush padre.

(3) En Argentina, una investigación judicial dio a la luz vínculos entre servicios de inteligencia nacionales y extranjeros, la Justicia Federal, medios concentrados de comunicación y dirigentes políticos de la derecha. A través de esta poderosa coalición se perseguían dirigentes políticos y se extorsionaba a empresarios.

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