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DE BRUJAS A MARIPOSAS: UNA REFLEXIÓN SOBRE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 4 dic 2019
  • 6 Min. de lectura

Cuenta la leyenda que hace muchos años vivían tres hermanas que luchaban y militaban por poder vivir tranquilas y tener los mismos derechos que los hombres.


Todo el pueblo las juzgaba y les decía “brujas”, incluso otras mujeres de la ciudad, no entendían que sus reclamos eran válidos y necesarios.


Un día llegó al poder un ser oscuro y maligno, un dictador dispuesto a hacer las cosas más horribles para callar a todes les que no pensaran como él.


La guerra que inició este hombre fue muy grande y no pudo soportar la resistencia de las tres hermanas, ellas seguían de pie, defendiendo sus deseos, tanto miedo les tenía que las mandó a matar.


Las tres brujas fueron asesinadas, se dice que las quemaron vivas y las llamas fueron las más altas jamás vistas, todas las calles de la ciudad se llenaron de fuego.


Cuando el fuego empezaba a apagarse se levantó un fuerte viento que disipó el humo, las personas que estaban cerca no entendían que estaba pasando y se sorprendieron al ver que, de las cenizas que se esparcían por todo el lugar, pequeñas mariposas empezaron a batir sus alas.


Ese viento soplaba cada vez más fuerte y las mariposas tiñeron el pueblo con su vuelo de colores, brillantes y hermosas, montando un espectáculo de esperanza y ternura.


Estas tres hermanas no son personajes de ningún cuento de hadas, son ejemplos reales de lucha popular y militancia.


Se llamaban Patria, Minerva y María Teresa Mirabal. Rafael Leónidas Trujillo las mató el 25 de noviembre de 1960 en República Dominicana. Sus asesinatos inspiraron a muchos grupos para seguir resistiendo y terminar con el régimen de Trujillo poco después de que éste muriera.


En el año 2000, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declara al 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en honor a las enormes hermanas Mirabal.


Desde entonces, al igual que hace algunas semanas, todos los 25 de noviembre las mujeres del mundo nos plantamos y decimos: ¡Basta! Basta de violentar nuestras vidas, basta de pegarnos, de callarnos, de mutilarnos, de desaparecernos. Basta de intentar opacar nuestros logros, nuestras capacidades, nuestros deseos. Basta de obligarnos a parir y cuidar hijes, basta de relegarnos a las tareas del hogar, de someternos a ideales de belleza irreales y enfermos, basta de pagarnos menos por trabajar a la par de los hombres…


La lista sigue, los “basta de” no aminoran con el correr de los años. Puede parecer una broma, pero, el reclamo de las Mariposas en los 60´ es el mismo que hoy gritamos, idéntico al que llevamos pintado en pañuelos y carteles a las marchas de Ni Una Menos.


La Declaración Sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer formulada por la Asamblea General de la ONU, define en el año 1993 a la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

En Argentina, desde el año 2009, rige la Ley Nacional 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales cuyo artículo cuarto plantea que “se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes. Se considera violencia indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón”.


Esta Ley enumera los derechos que protege, propone políticas públicas a implementarse para asegurar su cumplimiento y establece un organismo exclusivo para llevarlas adelante, crea el Observatorio de Violencia contra las Mujeres, entre otras cosas y, además, describe cinco tipos y seis modalidades de violencia.


¡Existen once maneras diferentes, detalladas en una Ley nacional, de ejercer violencia en contra de una mujer! Honestamente, parece irreal que todavía algunes crean que VIOLENCIA es pegar y violar.


Por ejemplo, muchas personas van por ahí acusando a culturas que mutilan genitales de sus niñas, a tribus que obligan a las menores a casarse con hombres adultos, criticando programas de televisión con indignación porque un conductor le corta la pollera a una bailarina; pero no reconocen la violencia contra las mujeres en actos cotidianos y pequeños, parecieran no darse cuenta, a pesar de que una Ley se los explique, en qué consistente realmente la violencia.


Quizás porque soy mujer y por todo lo que mis compañeras fueron enseñándome sobre el feminismo, creía que el patriarcado estaba más apagado y no lograba entender lo desesperante, lo triste que resulta que todavía las personas no hayan empatizado con las mujeres.


Con estas palabras tengo la posibilidad de llegar a cada une de ustedes y mostrarles que hay formas de violencia en lugares y actitudes que creemos indefensas, les invito a que se permitan reflexionar sobre la realidad, que se dejen conmover por cómo las mujeres sufrimos día a día y cuestionen porqué los intentos por prevenir, erradicar y sancionar la violencia no han generado cambios contundentes en el comportamiento de las personas.


Para muches de nosotres es doloroso o incómodo dedicar un momento a estos temas, pero necesitamos dejar la hipocresía a un costado y mirar de frente algunas situaciones.

Un hombre pegando a una mujer, el jefe que niega a la empleada el permiso para retirarse por temas personales, la mamá que no deja que su hijita juegue con autitos, un profesor acusando a su alumna de querer aprobar parciales con su escote, el obstetra arreglando la fecha de parto de una mujer con su marido, una ginecóloga insistiendo a la paciente en que congele sus óvulos, el portero del edificio que se adelanta a abrir el ascensor para observar las curvas de una vecina, la amiga que se burla de los kilos demás, un novio que manda a cambiarse el pantalón ajustado a su pareja, la abuela preguntando por “el novio” en cada reunión familiar, el Estado negando derechos, la policía liberando violadores, la Justicia aplicando condenas ridículamente insuficientes a los violentos y asesinos.


  • Los 235 feminicidios registrados en Argentina en lo que va de 2019.

  • Los $11 que asigna el Estado en el Presupuesto Nacional para el Instituto Nacional de las Mujeres.

  • Los protocolos para prevención y erradicación de Violencia de Género que NO se elaboran ni se aplican.

  • La Ley Micaela que no se efectiviza en tantas oficinas de la Administración Pública.

  • TODAS las niñas que crecen sin saber que las abusan y acosan porque no tienen educación sexual integral.

  • TODAS las mujeres que mueren por abortos clandestinos.

  • Los casos que llegan a la televisión y los que no.


Todo esto es violencia contra la mujer, más allá de lo que dice la ONU y mucho más profundo de lo que dicta una Ley (sin menospreciar a ninguna institución).


Nosotras (todavía) no somos mariposas, somos brujas, peleamos, luchamos, gritamos…estamos VIVAS y ya es hora de que nos pongamos firmes para que NUNCA MÁS vuelen mariposas de las cenizas de nuestras hermanas. Es tiempo de ser más fuertes que el dolor que sentimos, de demostrar que no hay una sola forma de hacer las cosas, que las mujeres somos capaces de hacer y pensar como cualquier hombre.


Mujeres: ¡no traguemos más miedo! Hablemos cuando queramos parar un comportamiento violento hacia nosotras, frenemos a las parejas, jefes, compañeres, profesores, gritemos basta a nuestros padres, hermanes, hijes, a esos desconocidos que buscan herirnos, de la forma que sea. Digamos BASTA cuando quieran neutralizar nuestras emociones y sueños, cuando nos juzguen de incapaces, de débiles. No dejemos de gritar NI UNA MENOS, no permitamos que se roben nuestros deseos.



Mujeres, hermanas, compañeras: hemos logrado cosas hermosas, conquistado derechos impensados para nuestras antepasadas, ocupamos espacios en la sociedad que parecían inalcanzables…


Hoy muchas podemos disfrutar de nosotras mismas a pesar de una sociedad en la que todavía es necesario marchar los 25 de noviembre para concientizar sobre la violencia que ejercen contra nosotras.


Pensando en el recientemente pasado Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, desde este mundo en donde las personas no se conmueven ni cuando una Ley los incita a hacerlo, nos invito a seguir marchando, protestando y luchando, a vivir siempre feministas y militantes.

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