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TERRORISMO DEL AMOR.

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 19 nov 2019
  • 3 Min. de lectura

Voy a cometer un sincericidio con ustedes, no tenía pensado escribir ni en el corto ni en el largo plazo. Un poco de vergüenza, un poco de vagancia, un poco de no saber qué sentía. Decidí expresarlo en forma de crónica porque me gusta entrar en detalles, y sabemos que allí habitan las diferencias. Entonces ahí vamos, mis pensamientos últimamente giran en torno a ¿cuáles son las reacciones que una comunidad expresa cuando vive y siente?


Después de mucho indagar en esta cuestión entiendo que estas reacciones tienen que ver con valores por los cuales nos regimos, y estos valores se expresan generalmente en actividades colectivas, llámese centros culturales, clubes de barrio, murgas, plazas, etc; o individuales, las cuales se ven acaparadas últimamente por las redes sociales. Pero hoy hablaremos de lo colectivo, porque entendemos que es la salida más “sana” hacia un mejor vivir. Cuando nos reunimos y compartimos, resistimos. Resistimos a un sistema, a ideas predeterminadas, conceptos pre diseñados por una maquinaria cultural y económica que crea individuos apáticos. Resistimos, pero resistimos construyendo. Demolemos viejas estructuras para construir nuevas y de vuelta a demoler para luego construir. Así, en un círculo virtuoso de creatividad. Me pueden decir que parece algo muy romántico, pero la realidad es que esto sucede y está allí, a la vuelta de la esquina, en tu barrio.


Los clubes de barrio son lugar de encuentro y, muchas veces, de ciertos códigos que la tradición nos impone. Pero como dijimos antes, todo está hecho para desarmar y armar a medida que una sociedad crece y madura, así hasta que se acabe la vida. Hace muchos años lo conozco pero hace uno que entreno en un hermoso club donde se respira igualdad, libertad y autogestión. Se llama Club Social y Deportivo La Cultura del Barrio. Hasta acá nada nuevo, existen muchos de ellos, pero he aquí la diferencia: este club profesa sin tapujos el antifascismo, deporte sin prejuicio y multiculturalismo.



Dentro de esta fábrica abandonada actividades culturales y deportivas empujan una sola idea, el cooperativismo en tiempos de egoísmo. A los meses de comenzar a realizar boxeo aquí, La Cultura fue allanada, por orden de la ministra Patricia Bullrich y sus fantasías de grupos armados. Avalada por una triste Ley Antiterrorista, que en su momento (2011) fue criticada fuertemente por agrupaciones políticas, sociales y culturales exponiendo su falta de consenso dentro de la sociedad. Si bien se trató de explicar que no fue creada para criminalizar la protesta social sabemos muy bien que con una ley de esta índole no obtendremos una sociedad más justa e instituciones más democráticas. Se sabía que en manos de la derecha iba a ser difícil controlarla. Pero bueno, ya en modo Macri activado y siempre alerta, el 15 de noviembre de 2018 comencé a recibir mensajes informando la situación que se estaba viviendo en el club. Policías habían entrado pateando la puerta con una orden de allanamiento alegando que allí se constituían actividades delictivas con finalidad terrorista, grandilocuente (y gracioso) pero cierto. Buscaron armas, encontraron guantines y pesas. Buscaron documentación que incrimine y encontraron carnets de socies. No era de extrañar el accionar de la policía, sabíamos que no iban a encontrar nada pero el daño estaba hecho, los medios ya estaban ahí desinformando.


Pero no contaban con algo, la comunidad organizada. Cientes de alumnes del club, amigues y vecines se acercaron rechazando el allanamiento. Este maravilloso gesto constituyó un bello legado que todavía hoy persiste en cada respirar dentro del club. La unión hace la fuerza y lo que no te mata te fortalece. Mientras adentro seguían con la pantomima del allanamiento, afuera realizábamos una clase abierta en medio del asfalto ante la mirada atónita de las fuerzas de seguridad y los flashes de las cámaras. Durante horas se resistió. Finalmente se llevaron una computadora, dinero y cosas insignificantes. Antes del allanamiento las tarifas de servicio básicos eran impagables y las continuas clausuras por inventos de parte del gobierno de Larreta hacían muy difícil la continuidad del espacio. Sin embargo la organización, el amor y el empuje de lo colectivo hicieron que el club no solo siga en pie sino que no claudique en su búsqueda de una sociedad más libre y solidaria. No fue terrorismo, son ideas, no fue terrorismo, es amor.


Esta crónica solo intenta reafirmar que estos espacios son la mejor herramienta para dar la batalla de ideas contra la reacción fascista que existe dentro del sentir de una sociedad que culturalmente todavía no logro desprenderse de ese flagelo que fue el neoliberalismo. La historia pondrá en su lugar a las personas que intentaron atacar durante este tiempo todo lugar donde la sociedad quiso expresarse y ser un poco más libre. Tenemos cómo y con qué cambiar la realidad, hagamos terrorismo del amor.



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© 2019 Revista Insurrecta | Buenos Aires, Argentina

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