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HASTA QUE SEA COMO LO SOÑAMOS

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 13 nov 2020
  • 9 Min. de lectura

*Por Nacho Medina


Desde que se desató el virus de público conocimiento se arraigó bastante a las discusiones políticas y públicas la cuestión socioambiental. Algunes periodistas, formadores de (des)información de los medios tradicionales de comunicación, salieron a la cruza rápida de contraponer este tema con, por ejemplo, la economía y el ambiente, creando así una supuesta dicotomía irreparable e inamovible para un sistema que cada vez ofrece menos respuestas.

Les que creemos que este dilema es falso y entendemos el desarrollo con perspectiva ambiental, como una vía necesaria e imperiosa para con la sociedad, nos imponemos, de manera persistente, debatir e insertar ciertos interrogantes ¿Por qué es necesaria la perspectiva ambiental? ¿Cómo podemos introducirla? ¿Quiénes se ven afectades por el actual modelo socio productivo? ¿Y quiénes son les responsables de legitimar el actual modelo? Cada pregunta, inevitablemente, desencadena 3 más y muchas veces nos vamos con más preguntas que respuestas.

En estos renglones vamos a desglosar algunos de estos cuestionamientos y ciertos planteos para saber dónde estamos parades y cuál es el horizonte que queremos. Desde ya les digo, a modo de spoiler, que no hay respuesta milagrosa a dichos problemas, como tampoco soluciones individuales y aisladas. La salida es siempre colectiva.

Contexto

Como puntapié es importante aclarar el piso en el cual se sitúa el globo, la región y nuestro país. A nivel mundial, estamos padeciendo las consecuencias de una crisis climática y ecológica, debido al calentamiento global y la amenaza de un colapso ecosistémico. Atravesamos una pandemia mundial que posee un origen zoonótico (origen animal) y que se proyecta como moneda corriente siendo la 4ta, de esta índole, en los últimos años. Hay una relación intrínseca entre las 4 pandemias zoonóticas que van del siglo (SARS, H5N1, H1N1 y Covid 19) y la depredación ambiental. Estas interacciones son cada vez más frecuentes dada la explotación de los recursos naturales para responder a las crecientes demandas de energía y alimentos de origen animal de una población en crecimiento, desigual y carente de un liderazgo con mirada socioambiental que revierta este panorama.

Entre 1990 y 2015, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEIs) anuales se incrementaron en un 60 %, aunque este crecimiento desproporcionado responde a una gran desigualdad socioeconómica y visibiliza fuertemente las brechas entre les que lo tienen todo y les que no tienen nada. Según un informe científico de la OXFAM, el 1 % de la población mundial (aproximadamente 63 millones de personas) generó el 15 % de las emisiones acumuladas y consumió el 9 % del presupuesto de carbono, el doble que la mitad más pobre de la población mundial. Mientras que, el 50 % más pobre de la población mundial (aproximadamente 3100 millones de personas) generó tan solo el 7 % de las emisiones acumuladas, consumiendo únicamente el 4% del presupuesto de carbono disponible.

Hemos aumentado 1.1°C nuestra temperatura promedio desde la época preindustrial, según informes de la comunidad científica. Si no revertimos estos procesos alcanzaremos entre los 3°C y 4°C a escala global a finales de siglo, lo cual desencadenaría desastres extremadamente dañinos para la población, como la intensificación de sequías, inundaciones, degradación y desertificación de los suelos, radicalización de las temperaturas estacionales del año, aumento del nivel del mar, incendios. etc. Y en varias regiones del mundo esto ya es una realidad.

A su vez la emisión de GEIs (gases de efecto invernadero) por parte de los países es completamente desigual y responde a una verdad innegable e irrefutable, el desarrollo de los países centrales y el subdesarrollo de los países periféricos es una consecuencia en sí misma y no parte de un proceso. Pero ya hablaremos de esto un poco más adelante. Ahora mejor, les dejo un gráfico para “bajar a tierra” esto que les he comentado.

Como verán, Estados Unidos y China son los principales emisores de GEIs. Esto pone a la luz de todes, que sin la acción coordinada de estos dos gigantes, el cambio climático es irreversible. Para suerte del Planeta, el país asiático prometió, en la última asamblea general de la ONU, alcanzar para 2060 la neutralidad de CO2. Esto no significa que sus emisiones alcancen 0% (porque prácticamente es imposible), si no que incorporarán el balance justo entre lo que absorben nuestros ecosistemas y lo que producen. Y por otra parte, EEUU, tras la victoria de Joe Biden, volvería al acuerdo de París (Tratado Internacional que funciona como principio rector del desarrollo sustentable). También aplicará una batería de medidas invirtiendo 2 billones de USD en 4 años para concretar una transición verde.

Ahora yendo a nuestra región, nos encontramos con que América Latina se caracteriza por constituir su matriz socio productiva con una base extractivista. Somos la materia prima del norte global, un “primer mundo” que se industrializó y se desarrolló a costas de explotar a nuestras comunidades, nuestros recursos y nuestras vidas. Siempre quedando doblemente vulnerades los sectores populares, las comunidades indígenas y rurales. A lo largo de los años este modelo se ha ido transformando en apariencias, pero siempre con la misma lógica, patear la escalera a los países en vías desarrollo que intentaron e intentan asomar cabeza frente a un mundo hostil e hiperconsumista, con sometimiento económico, político y cultural. Porque no existe desarrollo extractivista sin sometimiento. Elles tienen una deuda con nosotres, una deuda que nunca van a poder pagar, en términos humanos y ambientales, y esos costos ya los estamos padeciendo.

Ahora si nos remitimos a algunos datos nos encontramos con que Latinoamérica es el lugar más peligroso del mundo para ser activista ambiental. Solo el año pasado, 145 personas murieron por ser militantes ambientalistas. Por eso, fue vital la puesta en marcha del El Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, mayormente conocido como Acuerdo de Escazú (el cual no me explayaré para no robarles tanto tiempo pero les invito a que lo googleen).



En 2018, toda América Latina emitió cerca de 17% del total de GEIs que produce China. De todas formas, esto no quiere decir que no tengamos que hacernos cargo del calentamiento global. Ya que producimos más de 1.600 megatoneladas de dióxido de carbono al año, según el Global Carbon Atlas. En los últimos 50 años en América Latina se ha perdido el 94% de la biodiversidad basado en el seguimiento y estudio de 21 mil especies, realizado por el Fondo Mundial para la Naturaleza, entre las que se incluyen mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios. La ONG menciona que solo la pérdida del hábitat, causada principalmente por cambios en el uso de la tierra para la producción de alimentos, representa el 51,2% de la degradación de la biodiversidad en Latinoamérica. En el bosque tropical del Amazonas, que abarca gran parte del noroeste de Brasil y se extiende hasta Colombia, Perú y otros países de Sudamérica, se consumieron en las cenizas 2.5 millones de hectáreas (el equivalente a la Provincia de Tucumán), de acuerdo a un informe del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales del Gobierno de Brasil. De más está decir que las consecuencias que esto trae son abismales y se ven reflejadas en la liberación masiva de gases a la atmósfera, problemas respiratorios en la población aledaña y la destrucción de ecosistemas. Hablando de deforestación, los bosques ocupan un 46,4% de la superficie total. Entre 1990 y 2015, se deforestaron 96,9 millones de hectáreas, un riesgo importante para su supervivencia. Las principales causas tienen que ver con la expansión de la frontera ganadera y agrícola. Por último, el fracking ha traído a la región problemas que van desde el aumento de sismos, la contaminación de las napas freáticas, cultivos, ríos hasta enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cáncer en algunos casos, Según la FARN (Fundación Ambiente y Recursos Naturales).

Aproximándonos al Sur, llegamos a nuestro País. Argentina está entre los 30 países más contaminantes del mundo. Está 29 entre 220 países y tercero, después de Brasil y México en América Latina. Según el Servicio Nacional del Manejo del Fuego (SNMF) hay cerca de 1.000.000 de hectáreas incendiadas, el equivalente a 50 veces la superficie de la CABA y siendo el 95% efectuadas por el obrar humano. Ya se ha arrasado con 80.000 hectáreas de tierra por culpa de la tala indiscriminada de árboles, siendo el octavo país en el ranking mundial. Ambas problemáticas están estrechamente relacionadas al lobby inmobiliario, que aprovecha las quemas de tierras para la posterior adquisición y construcción de countries de lujo; el agronegocio que aprovecha estos desastres para la extensión del monocultivo transgénico de la soja y trigo, en su mayoría; y la influencia del sector minero.

Según el INTA, consumimos el 50% de frutas y hortalizas cosechadas y el 80% de esa pérdida se registra en las etapas de producción y procesamiento a gran escala.

Si vemos los efectos del uso de agroquímicos en las comunidades rurales, el 55% de les niñes con cáncer infantil del Hospital Garrahan y el Hospital Italiano contrajeron esta patología por el contacto con agrotóxicos (la mayoría de elles provienen de Entre Ríos) utilizados en los enormes campos del monocultivo.

Si luego de escuchar este panorama contraponemos otro dato que hace a la desigualdad más extrema, en perspectiva socioeconómica y habitacional, vemos la otra cara de la moneda. Según el registro de Tierras Rurales de la Nación, aproximadamente 65 millones de hectáreas de la República Argentina, casi el 40% del territorio, es propiedad de 1200 terratenientes. Sí, 1200 personas / empresas poseen el 40% de nuestro territorio.

Podría presentarles más datos al azar, uno más desalentador que el anterior. Pero con todo lo dicho ya está demostrado lo extremadamente inoperante que es nuestra concepción actual de desarrollo. Porque no cierra por ningún frente.

Esto demuestra que podemos cerrar el grifo de la canilla, reciclar el plástico, dejar el consumo de carne, compostar, entre otras cosas. Lo que es valorable para la disputa del sentido, el cambio cultural y el consumo responsable. Pero no alcanza.

Tenemos un contexto complejo, en crisis, lleno de incertidumbres, vaivenes, con presiones extranjeras y de los sectores conservadores de nuestro país, la región y el mundo. Pero frente al desconsuelo, la rabia y la desilusión agudizada, hay una posición antagónica que intenta dar respuesta y poner énfasis en el desarrollo verde, con un Estado proactivo, en paralelo de una comunidad organizada, con justicia social, soberanía política e independencia económica, pero por sobre todas las cosas, con todes adentro.

Ambientalismo popular como respuesta genuina

De aquí radica la importancia vital de construir una alternativa ambientalista, popular y latinoamericanista que discuta las bases de nuestro sistema socio económico y productivo, apuntando a un gran pacto social, algo así como un new green deal.

Entendiendo que la crisis climática y ecológica ya llegó y no la sufren todes por igual, que la persona que vive en un country no sufre de la misma forma las inundaciones, incendios y sequías que la persona que vive en una villa, porque no van a tener el mismo acceso a la salud, las misma condiciones edilicias y los mismos recursos para hacerle frente.

Los pueblos originarios son las víctimas directas de varias de estas problemáticas, ya que son les perseguides y les desplazades de sus hogares. Los pequeños y medianos agricultores terminan atrapades por los grandes terratenientes de los campos, teniendo en cuenta que la gran mayoría trabajan en tierras de las cuáles no son dueñas y, encima, son elles quienes producen el 60% de los alimentos que circulan en el mercado interno.

Hay que poner en perspectiva un movimiento con base en el campo popular, que tenga en cuenta la agroecología para terminar con el uso de agrotóxicos, concretando la transición a un modelo socio-ecológico y equitativo; conteniendo, bajo el amparo estatal, a las familias y los pequeños productores, garantizandoles el acceso a la tierra, debido a que el 80% no es propietaria; donde exista un respeto genuino a las comunidades indígenas y a sus territorios; que se implante en la agenda pública el debate para una transición de nuestra matriz extractivista a una basada en energías renovables, que tenga a las cooperativas como piedra angular para el tratado responsable de residuos sólidos urbanos y as, sistematizar la solución para la erradicación de los 5.000 basurales a cielo abierto que existen hoy en la República Argentina.

Estas políticas públicas no pueden ser tomadas con soluciones aisladas. Se deben transversalizar las discusiones e implementar una perspectiva ambiental extrapolando a los distintos estratos del Estado y de la sociedad, impregnando la idea que esto es un tema de Derechos Humanos.

Revertir el hilo del cual colgamos es, indefectiblemente, oponerse contra intereses económicos que solo lucran con nuestro bienestar, combatir la cultura del descarte que reniega del vínculo que tenemos con el ambiente y dejar de lado la “tecnocracia” para comprender que la ciencia no va poder solucionar los efectos del cambio climático. Es por todo esto que debemos discutirlo todo. Las juventudes estamos emprendiendo gran parte de estas luchas, porque comprendimos que no somos el futuro ni la esperanza venidera. Somos la fuerza movilizante de la sociedad que exige respuestas integrales ahora. Porque no nos parece justo construir sobre las cenizas que nos dejarán ni tampoco responder por decisiones que no tomamos.

La responsabilidad histórica es ineludible. Por eso es sustancial saber que sin el Estado es imposible revertir esta situación, apoderarse de esta herramienta es tarea esencial, como también darle la batuta a las barriadas, a los sectores campesinos e indígenas para que encabecen los procesos de cambio estructurales junto a les pibes, masificando la militancia socio ambiental, entendiendo que no hay justicia social sin justicia climática y que necesitamos de todes para poner en el horizonte un futuro próspero. Donde todo sea como lo soñamos.

 
 
 

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