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Hogares de Niñez, entre la ficción y la realidad.

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 24 oct 2020
  • 5 Min. de lectura

Los hogares de la Ciudad no son una novela de Cris Morena.

Generalmente, cuando nombramos a hogares en una conversación entre amigues, elles se imaginan una producción de una novela de Cris Morena, cuando en realidad los hogares se encargan de restituir derechos. Son aquellos hogares en donde hay pibes totalmente vulnerades en todos los sentidos, que han sufrido todo tipo de violencia. Donde están les operadores, que serían les que se encargan de pasar la diaria con les pibes, los que les llevan al colegio, al hospital, les que juegan con elles, les que marcan los límites cuando es necesario, los que están cuando une pibe sufre alguna crisis nerviosa. Y donde hay un equipo técnico que está integrado por un panel interdisciplinario (psicólogues, trabajadores sociales y demás) que planifican la semana de les chiques. Por eso escribo sobre esto, para que se pueda tener un poco más de conocimiento sobre la red de hogares y sobre las faltas que puede llegar a haber desde el Estado, por lo menos desde mi experiencia.

¿Hasta cuándo?

Desde septiembre del año pasado comencé un recorrido totalmente desconocido para mí en un hogar de tránsito para niñes que pertenece al Gobierno de la Ciudad, donde vi desde la falta de importancia por parte del Estado hasta la demostración de afecto de les pibes en un abrazo, en una sonrisa que se le forma apenas entras al hogar. O los gritos en manada que acompañan con corridas para ir abrazarte a la puerta. Donde en esas sonrisas ocultan lo que realmente sobrellevan, donde se le dificulta expresar lo que les pasa. Lo muestran de manera tan heterogénea que es difícil detallar un listado. Muchas veces, la procedencia de les pibes es el abandono y la violencia, donde hay padres muertos, madres presas o incluso violencia familiar. Son sacados de esos contextos para que no se vulneren más sus derechos, y llevados a hogares para que, en teoría, no sufran esa vulneración.



Para poner un poco en contexto, la Ciudad tiene alrededor de 5 hogares (de tránsito, convivenciales y paradores) que están bajo la órbita de la Dirección General de Niñez y Adolescencia, que a su vez depende de la Subsecretaría de Fortalecimiento, y esta, del Ministerio de Desarrollo Humano. Se trabaja también en conjunto con la Dirección de la Mujer y la Dirección de Políticas Sociales en Adicciones. Puede que haya pasado poco tiempo desde que estoy en el hogar (aunque parezcan años), pero es una mezcla de sensaciones, de pensamientos… en los que juegan la impotencia por la falta de atención que creo que se debería dar a les pibes que son vulnerades, la capacidad de empatía que tenemos para entender sus situaciones particulares, y el vínculo que generas con elles… Realmente me cambió la manera de ser, de pensar y de sentir frente a estas realidades, aquellas que probablemente la mayoría de la sociedad no tenga una idea exacta de lo que es realmente.

Es un trabajo que genera desgaste en lo cotidiano del trabajo, sumado a la desidia que hay por parte del sistema. No creo que sea cuestión de presupuestos solamente, sino cuestión de voluntad de parte del Estado en poner foco a les pibes vulnerades. Muchas veces siento que no está en sus prioridades poner un poco más de atención a estos sectores desfavorecidos. Por lo cual me genera cierta impotencia, bronca. No es que no haya recursos, sino que falta voluntad. Con les pibes siento que hay que despojarse de cualquier prejuicio y escucharlos. Prestarles atención y ver lo que demandan, acompañarles para que pueda progresar. Pero todo se da en un contexto donde al que labura no se lo cuida, donde por momentos hay sobrepoblación y no alcanzamos a atender todas las necesidades de les pibes. ¿Cómo podemos garantizar responder a la individualidad de cada une? Siento que, al fin y al cabo, no podemos concentrarnos para lo que realmente estamos, que es estar para elles. Creo que en este momento es una utopía pensar que tenemos el personal adecuado para estar a la disposición de sus necesidades. Hay dispositivos con más de 30 pibes, con poco personal. Por lo tanto, atender la subjetividad de cada une se vuelve complicado. Esto, les pibes, lo sienten de alguna manera. A través de sus emociones lo expresan con acciones como peleas e insultos. No solamente siento que no podemos prestarle atención a la subjetividad de cada pibe sino que además siento que hacemos todo lo contrario a lo que sería restituir derechos.

Es recurrente escuchar a compañeres decir “no sé si es lo mejor que estén acá”. Porque de verdad siento y comprendo que es así. Les pibes cuando pasan por un hogar, pasan por muchísimas situaciones poco agradables, ya sea porque le afectan directamente o porque están al margen de la situación y les afecta indirectamente. Entonces uno se pregunta ¿cómo pueden los dispositivos de niñez garantizar restitución de derechos? Hogares que abarcan grandes grupos etarios, donde se mezclan la niñez y la adolescencia, donde desde mi punto de vista es poco factible que se desarrolle algo positivo. Los hogares pertenecientes al Gobierno de la Ciudad son pocos. Hay muchísimos más hogares conveniados con la Dirección de la Niñez y Adolescencia, algunos por fuera de la Capital Federal y por lo tanto no rigen las mismas normativas. No es sólo es cuestión de leyes sino que es una vulneración de les pibes ya que los alejan de la sociedad/contexto donde se criaron realmente.

La pandemia vino para exponer las problemáticas que ya vienen desde hace rato. No solo que las expone, sino que las profundiza. Falta ropa para les pibes, faltan insumos para la prevención, en algunos hogares no se puede cumplir el distanciamiento por la mala infraestructura, por el hacinamiento. Con estas cosas son las que tenemos que trabajar. Yo, hace un año y mis compañeres mucho más. Esto repercute en les trabajadores, que además estamos con contratos de locación, lo que significa que estamos tercerizados, cumpliendo las mismas tareas que el personal de planta, pese a no contar con los mismos beneficios que un trabajo en blanco. Todo esto repercute directamente en les laburantes e indirectamente en les pibes donde no podemos garantizar completamente la restitución de sus derechos vulnerados.

¿Realmente se restituyen los derechos de les pibes en este contexto? Es algo que pienso regularmente y que va machacando mi mente, que a medida que veo alguna irregularidad se me van agotando las energías de seguir en este laburo. Pero sigo porque de alguna manera estoy ayudando o eso por lo menos pienso. Les compañeres están cansades, la salud mental entra en juego pero también la posibilidad de seguir contando con una fuente de laburo. Por eso une se pregunta ¿hasta cuándo se puede aguantar?

 
 
 

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