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Cinco tipos llamados “el mercado”.Una breve historia de inflación.

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 14 dic 2019
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 16 dic 2019

“La inflación es la demostración de tu incapacidad para gobernar; en mi presidencia la inflación no va a ser un tema…” (1) Mauricio Macri.


Durante los años 90, después de la hiperinflación, la ley de convertibilidad trajo estabilidad de precios a un costo muy alto, aun hoy incuantificable. El modelo cumplió su objetivo hasta 1995 cuando la “Crisis del Tequila”, en la cual México dejó de pagar su deuda haciendo que los capitales financieros internacionales se vuelquen hacia países “seguros”, provocó escenarios de gran inestabilidad en todas las economías subdesarrolladas.


En este contexto, la situación Argentina se comenzó a complicar. Se produjo un aumento del desempleo, con salarios a la baja, estrepitosa caída del consumo y la producción, y las empresas endeudadas que comenzaron a tener grandes problemas de financiación. Es así que las grandes empresas “emblemáticas” de nuestra cultura Argentina, comenzaron a tener un valor financiero (en acciones) mayor que su valor real (en fábricas, producción, distribución, clientes). En ese contexto cambian de manos cientos de empresas y muchas terminan siendo compradas por grandes conglomerados extranjeros y algunos pocos locales; tal como lo muestra Eduardo Basualdo en “La reestructuración de la economía argentina durante las últimas décadas(2).



Sobre el final de la década se produce un particular proceso de caída de los precios, aunque acompañado también de la caída de salarios y jubilaciones. En ese contexto se produce el estallido social, político y económico de 2001, con el desempleo por arriba del 21%.


En 2002 comienza a cambiar el paradigma económico de los 10 años anteriores y después de la devaluación más grande de nuestra historia reciente, cuando el dólar pasa de $1 a $3, los precios de la canasta básica no reaccionaron en la misma proporción. Nadie consumía nada, las fabricas estaban funcionando a poco más del 60% de su capacidad (3). Se logra crecer, abaratando costos en dólares y comenzando un proceso de mejora de la calidad de vida de les argentines. En 2005, cuando los precios igualan la suba del dólar, Lavagna (respaldado por la elite industrial nacional) es reemplazado por Felisa Miceli, quien varios economistas afirman (en off) que es la primer Ministra de Economía con una visión completamente a favor de mejorar la distribución del ingreso en el país. Con un boom exportador, los altos precios de las materias primas (especialmente soja), el aumento de reservas internacionales y las inversiones extranjeras por los buenos niveles de competitividad en costos (tarifas subsidiadas, un mercado interno en constante expansión y una industria en crecimiento) fueron todas sean buenas noticias para la economía Argentina hasta 2009.


En 2008 el conflicto con las patronales rurales por las retenciones móviles a las exportaciones genera un primer conflicto con la inflación. Los cortes de ruta con desabastecimiento que generaron los “chacareros” disminuyeron la oferta de bienes, y rápidamente aumentaron los precios.


Un año después se produce la crisis económica internacional, que comienza con la caída del banco LehmanBrothers, y los rescates a los bancos estadounidenses y europeos. El país se vio forzado a tomar políticas anti-cíclicas, principalmente focalizadas en la expansión del crédito para la producción y el consumo. En 2010, con dos años de aumento de salario real, y las políticas de consumo dando su mejor resultado, se comienza a evidenciar una puja distributiva que espiralizó un aumento de la inflación, que recrudece en 2012 y 2013.


La suba del dólar en 2014, sumado al contexto previo, hizo que lleguemos a un alto nivel de inflación (la más alta desde 2001). Es en este año donde se comienzan a realizar grandes críticas a la política anti-inflacionaria del gobierno, y donde se lanza “Precios Cuidados.” El programa, de acuerdo tripartito (productores, estado y comerciantes) donde todos los actores tenían un margen de ganancia acordado, servía como precio de referencia (compuesto por marcas líderes, en sus versiones de productos más vendidos), asegurando tácitamente que ninguna marca (competidora) superara el precio de referencia dentro del acuerdo. (4) Por otro lado, en nuevas modificaciones trimestrales de dicho programa, se le anexaron productos de pymes, asegurando el stock de todo el país, productos de calidad (aunque desconocidos) a precios bajos, permitiéndoles a cientos de pequeños empresarios condiciones más igualitarias de competencia. En 2015 fue considerable la baja de velocidad del aumento de precios, aunque con la devaluación anunciada del presidente Macri, el segundo semestre se incrementó considerablemente.


En 2016, hubo un combo explosivo que le echó nafta al problema inflacionario. La suba del dólar en un 60%, combinado con la quita de retenciones a las exportaciones de productos agropecuarios (lo que igualo el precio en dólares de la comida en Argentina con cualquier parte del mundo), el más brutal aumento de tarifas del que les jóvenes tengamos memoria, sumado al vaciamiento de “Precios Cuidados” (transformándolo en una canasta limitada, cuyo principal beneficiario dejaran de ser los trabajadores) conformaron el combo explosivo que aceleraron el proceso inflacionario. (5)


Las modificaciones al programa lograron que las marcas líderes dupliquen sus precios (aumentos iguales o mayores al 100%), volviendo a garantizar una diferenciación social en los productos consumidos, y que la leche “La Serenisima” vuelva a ser un gusto para pocos, con reemplazos de segundas marcas (fabricadas por los mismos dueños), que no se encontraban en el mercado hasta el momento. El reemplazo del dulce de leche la Serenísima de estilo actual por el re-surgimiento de Casanto es la mejor muestra de este proceso. En 2017 con el control del dólar y las tarifas, sumado a la caída de consumo y el aumento de la tasa de interés, se logró que el año electoral fuera tranquilo en cuanto a inflación.


Diferente fue la suerte de 2018 y 2019, donde los impactos de las devaluaciones, con un dólar subiendo de $17 a $63, más el aumento de tarifas y la exorbitante tasa de interés convirtieron a la inflación en uno de los principales problemas que nos deja la economía macrista. Sin dejar de lado que la economía hoy se encuentra más concentrada que en cualquier otro periodo. El consumo masivo tiene 5 dueños que superan el 35% de las ventas totales. Unilever (Knorr, Hellmans, Dove, Rexona, Lux, Efficient, Closeup, Skip, Sedal, Suave, Cif, entre otras), Danone (Casamcrem, Ser, Yogurísimo, Danette, Villa del Sur, Villavicencio y la mitad de Bagley); Arcor (con su marca propia de golosinas, La Campagnola, BC, la mitad de galletitas Bagley, y el 47% de la Serenísima), Coca Cola (con su extensa línea de bebidas gaseosas, aguas kin, jugos Ades y Cepita) y La Serenisima que solo teniendo un 53% del manejo de su empresa le es suficiente para entrar de este selecto grupo, compuesto solo por una minoría de origen local, que en su comportamiento en nada difieren con las trasnacionales que compiten.


Es necesario repensar nuestras formas de consumo, nuestras elecciones y hacer valer nuestros derechos como consumidores. Es perjudicial para les argentines pagar alimentos en dólares, cuando nosotres los producimos y no necesitamos de “tecnología extranjera” para nuestra vida diaria en alimentación, higiene personal y limpieza. La soberanía alimentaria de un país productor de alimentos es nuestra gran deuda pendiente.


(4) Sugerimos la lectura del libro del impulsor de Precios Cuidados, Augusto Costa. “Todo precio es político”, Aguilar, 2019.

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