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CRISIS DE OPORTUNIDAD

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 1 may 2020
  • 4 Min. de lectura

El concepto de crisis en las ciencias tiene un sentido de oportunidad ¿Cómo se explican los nuevos paradigmas? Tenemos la normalidad que rige un paradigma donde se pueden presentar algunas anomalías. Cuando ya son tantas y el sistema no puede soportarlas, se crea esa crisis. Crisis que decanta en un nuevo paradigma que trae una nueva normalidad.

Son muchas las cosas que ayudan a afirmar que estamos en momento de crisis, y no estamos hablado sólo del COVID-19. La situación de pandemia que se vive en el mundo nos hace reflexionar en torno a las anomalías que estamos viviendo pero que teníamos naturalizadas. Son tantas y es todo tan reciente que es muy difícil poder pensar en cómo se reordenará la sociedad luego del hecho que colmó el vaso, el Aislamiento Social y Obligatorio. No estamos diciendo que el COVID-19 o el aislamiento es la crisis.

La crisis, reiteramos, es el conjunto de anomalías en un determinado contexto. ¿Cuáles son las anomalías? Ahora sí el COVID-19 y el aislamiento, como también la concentración de las riquezas, la superproducción, el estancamiento social y económico. Las contradicciones naturalizadas que teníamos en el sistema.

Debemos retroceder meses o años no sólo en Argentina sino también en países propulsores del neoliberalismo como Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea en grandes rasgos para encontrar un Estado que ha sido erosionado política, económica y culturalmente hablando. Pensar el Estado como un organismo corrupto que no sabe administrar no es novedoso de la derecha argentina. De forma resumida, ¿a quiénes beneficia una visión de Estado tan débil? A aquellos que tienen por interés erosionar el concepto de pueblo y soberanía: el capital trasnacional y globalizado.

El neoliberalismo actual no es sólo especulación financiera, es también globalización. Eso implica un gran desarrollo de las tecnologías de comunicación e información (se modificaron tanto hábitos como formas de producción), un cambio regulatorio internacional favorable a corporaciones internacionales, bajos salarios en comparación de la alta producción que desemboca a una mayor participación del capital financiero en la vida cotidiana de las personas. ¿Cómo resumir todo esto? Gracias al un conjunto de normativas de flexibilización (en todos sus sentidos) y el desarrollo tecnológico (la mayoría de las veces financiado por el Estado, como fue el caso de Internet), el capital trasnacional se fortalece, a punto tal que hay mas producción que consumo, pero lejos de ayudar a la redistribución, se concentra y aumenta la desigualdad.

Y así llegamos al punto de hoy. Ahora vemos cómo el COVID-19 y el aislamiento no son necesariamente la crisis. Nos encontramos con que la economía a nivel mundial no estaba atada con alambres, sino por los hilos invisibles del Mercado. En contraposición, surge un Estado que es protagonista en todos los países, para algunos por primera vez en muchos años. Frente a la posibilidad de rediscutir el Estado y empoderar la soberanía, ¿qué políticas se deben hacer? En primer lugar, el concepto de política pública que podemos definir como la acción o la inacción del Estado frente a una demanda, una necesidad, un tema en particular. En segundo lugar, la falsa contradicción entre la economía y lo social, como si fueran dos aspectos plausibles de ser diferenciados. La realidad muestra que toda decisión económica impacta en lo social, como este también construye a la primera.

En nuestro país, las políticas sociales han sido siempre clasificadas por el lugar que ocupa el sujeto en el mercado laboral. Si posee un empleo en blanco, le corresponden ciertas prestaciones. Si no posee trabajo y es mujer, puede acceder a determinadas políticas. Si es joven y de clase alta, a otras. Así es como se constituyeron los criterios denominados de “focalización” para el acceso a las políticas. Esto lleva a un debate muy popular en donde las políticas sociales son puestas como un beneficio, que quien accede debe ser merecedor de hacerlo. Esta forma de organizar la seguridad social no es exclusiva de Argentina, sino que son modelos de Estado de Bienestar que podemos observar en otros países también.



En el marco de la pandemia, una de las políticas que ha tomado cierto reconocimiento internacional es el denominado “ingreso ciudadano” o “renta universal”. La propuesta es que todos los ciudadanos puedan tener un ingreso mínimo para contrarrestar los efectos a sus ingresos que tiene la pandemia. Es interesante que ahora sí, donde se borran los límites de la meritocracia, una política social pueda ser extensa. Un horror para aquelles que piensan que un plan social es denigrante.

Sin embargo, si no se modifican otras estructuras de la sociedad, se corre el riesgo de que estas acciones tiendan a normalizar la situación actual, sin realizar cambios significativos en la sociedad ¡Qué oportunidad nos estaríamos perdiendo si planteamos políticas que sólo busquen volver a las anomalías anteriores!

No tenemos prejuicios sobre el ingreso ciudadano, creemos que es posible discutir esa política dentro de un conjunto de políticas públicas económicas y sociales que propongan una nueva distribución y redistribución de la riqueza. Porque nos preocupa la inacción en otras áreas, entendiendo que eso también es una decisión del Estado. ¿Qué podría salir de la combinación del ingreso ciudadano con el impuesto a la riqueza? ¿Qué podría ser si repensamos la seguridad social para que deje de estar fragmentada en base al tipo de trabajo que uno posee? ¿Qué pasaría con la producción si ponemos el eje en la soberanía? Las acciones que están tomando los países son interesantes, y algunas inclusive dignas de ser imitadas. Sin embargo, tenemos que pensar de forma integral trayendo discusiones viejas con nosotros para poder brindar, por fin, una respuesta y construir un nuevo paradigma.

Como dijimos, la crisis es oportunidad. Tenemos que discutir para quién va a ser esa oportunidad.

 
 
 

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