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DAR LA BATALLA UNIVERSITARIA

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 16 ene 2020
  • 8 Min. de lectura

El lunes 3 de diciembre hemos visto como la expresidenta Cristina Fernández ha sido víctima una vez más del poder judicial. La primera sensación que deja es cómo una figura de la magnitud de Cristina (dos veces Presidenta y, en ese momento, Vicepresidenta electa con entidad conferida por la voluntad popular) es vulnerable ante esta corporación, ¿qué protección y garantía de defensa le queda al resto de la ciudadanía?


Y la otra sensación es que le cedimos a la derecha el terreno universitario para que sólo forme profesionales retrógrados. Decía el Che en su obra “El hombre nuevo” que para consolidar el triunfo revolucionario era inevitable la herramienta del estudio y la Universidad para construir una mujer y hombre nuevo que tengan los valores del socialismo, con la vocación de ocupar todos los organismos del Estado para la verdadera transformación.

En otros términos, si queremos transformar realmente nuestra sociedad, con ganar una elección no alcanza. Es imprescindible la formación de un nuevo sujeto cultural. No alcanza con ser gobierno si quienes tienen la función de administrar justicia defienden intereses contrarios a los del pueblo.


Lamentablemente siempre nos quedamos con la resignación de que la justicia es oprobia y elitista, pero no nos convocamos a transformar esa realidad. Caemos en la necedad de que la justicia debe ser un espacio sólo ocupado por la derecha. Se hace urgente y necesario entender que cada tribunal que no sea ocupado por un abogado revolucionario será ocupado por un abogado reaccionario. Por esta razón es imprescindible dar la batalla en el terreno universitario.


UN POCO DE HISTORIA UNIVERSITARIA, SU ROL Y FUNCIÓN EN LA SOCIEDAD


Tal vez deberíamos empezar por rememorar que la universidad es una institución medieval. Nace en el medioevo europeo, estudiando Angelología (estudio de Dios y los ángeles). La universidad era un poder fuertemente ligado al poder eclesiástico.


Kant escribió en el siglo XIII un texto extraordinario sobre la cuestión universitaria que se llama “el conflicto de las facultades”, donde interviene en el modo tradicional de pensar las relaciones entre cuatros facultades que constituían la arquitectónica de la Universidad que entonces existía en Europa: La teología, que estudiaba a Dios; la medicina, que estudiaba la salud de los cuerpos; la Abogacía, que estudiaba las Leyes de los estados. Y había también una cuarta facultad, menos importante, que solía considerarse una facultad “inferior”. Las facultades inferiores estudiaban cuestiones que se consideraban intrascendentes, porque no existían en el mundo, solo en la cabeza de las personas que estaban dentro de la misma facultad; por ejemplo, la filosofía.


La universidad estudiaba tres cosas que estaban fuera de ellas y que tenían un interés público y tal era el interés público que las facultades donde se enseñaban debían ser administradas por el Estado. Kant no creía en la autonomía universitaria en las Facultades de Derecho, teología y medicina. Por supuesto pensaba que el Estado tenía que intervenir en la definición de los planes de estudio, en las formas de exámenes, en la definición de las leyes que hay que enseñar en la facultad de derecho, etc. Pero qué pasaría si en la facultad de derecho, que forma a les futures abogades y jueces de la Nación, pudiéramos en nombre de la libertad de cátedra enseñar cualquier disparate, y producir abogados o abogadas que después no pudieran ejercer correctamente su oficio; o si en la facultad de Medicina en nombre de la libertad de cátedra, permitiéramos enseñar que el hígado queda un poquito a la izquierda del corazón. Si la universidad permitiera que el Estado le otorgue una línea rectora de cómo operar un cuerpo o el ejercicio de las leyes, la universidad correría el riesgo de ser dogmática y cómplice de un eventual déspota.


Por tal motivo dimensionemos la importancia de la autonomía universitaria conquistada en 1918 y que tenemos el deber de fortalecerlo y cuidarlo con total vehemencia. Algunes creen que Argentina es ejemplo universitario por ser pública y gratuita, pero unos años antes de esa conquista tuvo lugar uno de los movimientos universitarios más importantes de la historia, “la reforma universitaria”, que comenzó en la Provincia de Córdoba.


¿POR QUE LAS UNIVERSIDADES CUMPLEN UN EJE CENTRAL EN LA DISPUTA DE CONSTRUCCIÓN DE SENTIDOS?


La revolución rusa en 1917 trajo aires de agite que calaron hondo en cientos de jóvenes. En 1918 estalló en Córdoba una protesta universitaria.


El presidente Yrigoyen interviene en el conflicto y se manifiesta a favor de les universitaries, dicta la intervención federal de la universidad, y los cambios quedan plasmados en la llamada “reforma universitaria” que se extiende a otras casas de estudio del país e incluso de América Latina. Les estudiantes demandaron la autonomía universitaria, la renovación de la planta docente, el cambio de planes de estudio, el estatuto y el sistema de gobierno cuyos cargos eran de carácter vitalicio y a los que se accedía sin ningún tipo de concurso.

Estos jóvenes se adelantaron medio siglo a lo que luego sería el “Mayo Francés” en 1968, que tuvo como consecuencia las reformas universitarias de varios países de Europa.


La horrorosa dictadura militar de Onganía en el 66 uno de los primeros objetivos que tuvo fue atacar la universidad de Buenos Aires en la noche de los bastones largos. Lo mismo hizo la dictadura del 76, la dictadura de Pinochet en Chile, la de Brasil, la uruguaya. Las universidades siempre fueron el blanco preferido de las dictaduras, ya que las mismas en Latinoamérica y Argentina además de formar graduados, realizan actividades de extensión universitaria, investigación científica e investigación tecnológica. A diferencia de otros países del mundo donde lo hacen empresas privadas o áreas gubernamentales, en nuestra región es en las universidades donde se hace la mayor parte de investigación científica y tecnológica que es vital en el siglo XXI.


La universidad argentina dio ejemplos de luchas contra las dictaduras militares, no se entregó nunca. Las dictaduras militares se apoderaron de sus aulas, pero no se pudieron apoderar nunca de su espíritu de resistencia.


La oligarquía con la recuperación de la democracia ya no utilizó la fuerza de los bastones y la intervención de las facultades para fugar cerebros, lo hizo a través de su modelo cultural, porque ante todo la derecha y el neoliberalismo son modelos culturales.

En la batalla cultural y la disputa de sentido en la creación de la subjetividad colectiva, la derecha instaló en el imaginario social que ciertas carreras universitarias son conservadoras y burguesas, y nosotros jamás tuvimos la habilidad para destruir estos conceptos y comprender que se estaba cerrando un campo de batalla insustituible.




ARGENTINA COMO VANGUARDIA DE INCLUSIÓN UNIVERSITARIA


El 22 de noviembre se cumplieron setenta años de una de las medidas políticas más revolucionarias de la historia de Latinoamérica. El decreto N° 29337 de Juan Perón que establece la gratuidad de la universidad.


Setenta años después divisamos cómo países hermanos de la región tienen que hipotecar su vida para poder pisar una universidad. Argentina no solo es ejemplo de esto, sino que ha ido evolucionando en los últimos años en el acceso a una universidad más inclusiva. Aunque no se haya hecho la jactancia que merecía, la creación de las universidades del bicentenario también forman parte de esas grandes medidas de nuestra historia. ¿Ahora comprendemos por qué Cristina, utilizando el alegato que alguna vez utilizó Fidel Castro cuando era juzgado luego del asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, dice “la historia me absolverá”? Quizás al ser contemporáneos no tengamos la perspectiva de tiempo y espacio para apreciar la magnitud de las universidades del bicentenario, pero junto a la reforma universitaria de 1918 y al decreto de gratuidad de 1949, son los tres hitos más importantes de nuestra historia universitaria.


Las universidades fueron creadas a lo largo de nuestra historia para formar aristocracias y elites. Eso estalló en la reforma del 1918 y se creó la autonomía, pero el acceso seguía siendo limitado, a partir del 45´ Argentina comenzó a tener un sistema de movilidad ascendente, la clase obrero pasó por primera vez en su historia a participar del PBI en la distribución de la riqueza, surge una nueva clase que comienza a entrar al sistema y demandar, pero a pesar de medidas tan trascendentales como la gratuidad de las universidades, el acceso también era dificultoso porque las condiciones sociales y económicas externas lo limitaban.


Lo que Cristina hace con el proyecto del bicentenario es darle aún un marco más inclusivo, concatenando programas que hacían mucho más asequible el acceso a una Universidad. En esta vertiente de la apertura de la Universidad a la sociedad podemos ubicar como medida relevante de la tradición reformista de la universidad argentina, a la práctica de la extensión universitaria y el “voluntariado universitario” con el que desde el 2006 se busca “profundizar” la vinculación de las universidades públicas con la comunidad y a su vez incentivar el compromiso social de les estudiantes a nivel superior, promoviendo su participación voluntaria en proyectos sociales orientados a mejorar la calidad de vida de su población y estimular el desarrollo local. En ambos casos, la Universidad abre sus puertas para salir del encuentro de la sociedad compartiendo sus conocimientos y su arte en un acto de exclaustración.


Podemos encontrar otra idea de democratización cuando la apertura de las puertas de la universidad es para recibir a la sociedad en su seno y, particularmente, a los sectores que tradicionalmente tuvieron más dificultades. Esta dimensión de la democratización es la que privilegian las universidades que abren sus aulas a la llegada de estudiantes que provienen de sectores populares, a los que se suele identificar como primera generación de universitaries.


Gran parte de la sociedad quedó fuera del sistema porque tuvo que abandonar por fuerza mayor sus estudios secundarios, o les quedaron materias pendientes que con el transcurso de los años hizo dificultoso volver a la escuela a rendir las materias pertinentes. Por eso los secundarios nocturnos y el Plan Fines son primordiales a la hora de hablar de sistema universitario. No es casualidad que una de las primeras medidas del gobierno neoliberal macrista haya sido eliminar los secundarios nocturnos y cerrar el programa Fines.

Además de estos programas de secundarios, se generaron otros como la ampliación de becas Progresar, mayor inversión del PBI en el presupuesto educativo, boleto estudiantil, programas de pasantías, etc. ¿Ahora comprendemos por qué la derecha siempre apunta hacia acá?


Esta generación de universidades viene a romper paradigmas de exclusión que se instalaron en las últimas dictaduras. Para comprender la exuberante importancia de esto, hay que empezar por entender que a lo largo de la historia las universidades han sido creadas para formar elites, por lo tanto, es esencial no cederle nada a la derecha en este terreno de disputa.


¡¡¡¡Cuando nos digan que la abogacía es una carrera conservadora, nos están mintiendo!!!!

La abogacía se inventó para darle un marco legal al robo y apropiación de la propiedad pública para convertirla en propiedad privada y que sea este marco legal lo proteja. Así nacieron los primeros “contratos sociales” desde el Leviatán con Hobbes, pasando por Locke y Rousseau. Así surgen las ideas de Jeremy Bentham, inventor del panóptico. Allí nacen las ideas del derecho civil para que las clases que tengan los medios de producción y el capital monetario se quedaran con las tierras y los bienes, y como consecuencia, el derecho penal y las cárceles, para que las clases de menor recurso no invadan esa propiedad privada que le estaban arrebatando. No es nuevo y la historia se repite, detrás del estigma de cada carrera (sobre todo de ciencias sociales) se esconde una puja de intereses que define el tipo de sociedad que nos va a comprender.


Cada médique menos de les nuestres va a ser une médique más de elles, va a ser une médique más que atienda con desprecio al prójimo por ser humilde y une médique menos que entre a un barrio popular a atender a un vecine. Debemos formar profesionales con conciencia y compromiso social, que surjan del campo nacional y popular, que enarbolen la bandera de la ética de la solidaridad, que donde haya una necesidad vean un derecho y no une profesional que donde haya un derecho vea un negocio.


No alcanza con que surgen más Néstor y Cristina, también necesitamos más abogades, fiscales, jueces, politólogues, médiques, docentes, etc. de los nuestros y nuestras.

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