ES EL TIEMPO DE LOS ESTADOS
- Insurrecta Revista

- 23 ago 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 27 ago 2020
El contexto de pandemia nos plantea un estado de incertidumbre a la hora del uso del aparato estatal y las consecuencias que genere el ejercicio del mismo, tocar intereses en los sectores más concentrados en un contexto de deuda exuberante, falta de divisas, caída de las exportaciones, reducción en la recaudación impositiva, estancamiento económico, reasignaciones de partidas presupuestas, decrecimiento de la economía mundial en el orden de un 3 al 9%, desacatamiento a la cuarentena, entre otras. La situación debilita al gobierno a la hora de avanzar por la retaguardia hacía un modelo transformista, donde inevitablemente para llevarlo a la practica (y más en esta profunda crisis) hay que tocar intereses.
Es cierto que al gobierno le tocó la peor. Previo a la pandemia la situación ya era compleja debido al estallido que había dejado el “stop and crush” de los últimos cuatro años. Pasar de un modelo de valorización financiera con endeudamiento externo a uno de sustitución por importaciones y recuperación industrial no es nada fácil, ni gratis.
A pesar de haber ganado las elecciones, en los últimos años se ha demonizado enfáticamente el término “Estado”. Desde los sectores más conservadores y reaccionarios se ha implantado en el imaginario social colectivo que la intervención del Estado siempre es mala, que restringe libertades, que se recurre a él cuando “caes”, que solo las clases bajas se benefician del Estado, que es el mercado el que regula y ordena la economía. Todas estas cuestiones y muchas más generan perplejidad a la hora de avanzar.
¿Pero si es al revés? ¿Si estamos ante un momento histórico y oportuno aún más coyuntural que en la prepandemia?
¿Y porque podría ser así?
Es que el miedo a la muerte producido por un microorganismo de material genético tiene más razón argumentativa a la autorización de la autoridad del Estado. Porque este es, precisamente, la creencia compartida del resguardo de todos y todas a través de recursos que son públicos; la esperanza de la protección colectiva contra las guerras, las invasiones y, de manera frecuente, las desgracias colectivas, las catástrofes económicas, los riesgos de perder las posiciones. Hoy se constituye como el responsable de evitar el colapso del sistema sanitario o el riesgo de muerte por el virus.
El miedo a las invasiones, a la miseria, a la pérdida de lo poseído, a la peste, dan lugar a una comunidad de afectados que deviene en una comunidad política cuando todos deciden aceptar un modo de organización de recursos comunes que permita efectivamente detener, atenuar, derrotar los temores primarios inminentes o percibidos. No es el miedo ni la defensa ante él lo que hace de una aglomeración una comunidad política. Es precisamente la creencia y la acción práctica de consolidar una organización de medios comunes para sobrellevar esa u otra adversidad la que da lugar al momento político de la sociedad.

Por eso, ante el riesgo de muerte o catástrofe, se da el vínculo formativo del Estado y entre los miembros de la sociedad. A lo que primero se interpela son a medidas firmes y efectivas de protección médica que garanticen el acceso a servicios básicos, alimentos, apoyo a las actividades económicas, créditos, donaciones. El Estado surgió de la demanda de protección colectiva; cada mes se aporta económicamente para sostenerlo y custodia los bienes considerados comunes a los integrantes de la sociedad. Es el que, de manera inmediata, se acude cuando existe un riesgo que amenaza a todxs.
Nadie escapa a este principio de protección social primario, ni siquiera aquellos que días atrás demandaban el Estado mínimo y el triunfo final de los mercados sobre el populismo estatista. A pesar de su soberbia y riqueza privadas son seres con miedo ante la democracia de una oleada de contagios sorteada entre todos con relativa igualdad y hoy los vemos a los pro liberales que meses atrás se ufanaban y repetían su muletilla de “No Estado”, en una especie de ideología híbrida preguntando como el Estado los protege de lo que no puede protegerlos la mano invisible del mercado
El gobierno puede estar hoy ante una situación pertinente de avanzar sin miedo a tocar intereses en los sectores más pudientes. Las medidas llevadas a la practica hasta el momento han sido un gran paliativo. Hasta aquí ¿quiénes han financiado esas medidas? ¿Podrá el gobierno seguir financiando estas políticas sin recaudar de los que más ganan?
El sector de trabajadores registrados aún no ha discutido paritarias y la inflación mensual viene destruyendo cada vez mas salario real sobre el nominal. El sector de pymes y productores cae mes a mes en su recaudación y, los sectores que ocupan la base de la pirámide social destinan el cien por ciento de sus ingresos en alimentos que por consecuencia implica el total de sus ingresos a impuestos progresivos, ya que los alimentos tienen el IVA incluido.
Sin embargo, los sectores más apoderados, ¿Qué porcentaje de sus ingresos destinan a impuestos? ¿y que porcentaje va abajo del colchón y no al andamiaje de la economía interna?
Sin dudas, en Argentina el problema es la riqueza y no la pobreza. Argentina no es un país pobre, es un país injusto y, creo que llegó la hora de redistribuir en detrimento de uno hacia otros. Usar esa oportunidad del Estado protector e ir con el impuesto a las grandes fortunas personales, que tampoco es un impuesto progresivo, sino un aporte que solo comprende doce mil personas físicas que tengan como mínimo 300 millones de pesos, el cual cubre meses de IFE, que dejarían de salir de una clase media y baja que viene asomando la cabeza debajo del agua con un snorkel que cada vez le queda menos centímetros de oxigeno
Por eso el Estado debe empezar a tocar ahí, sin temores, ni apocamientos. Acá hay un pueblo que en las urnas le confirió entidad para que defienda los intereses de las grandes mayorías. Puede salir bien o mal, pero la historia siempre absuelve y reconoce a quienes utilizaron la herramienta de la política para empoderar a sus pueblos y trasformar la vida de los más desprotegidos. De ser así, el día de mañana se contará que ante una pandemia histórica que sacudió al mundo, en Argentina, hubo un gobierno que enarboló la bandera de la justicia social.
En definitiva, un gobierno gobierno popular, ¡SERÁ REVOLUCIONARIO O NO SERA!




Comentarios