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ESE VIEJO ASUNTO INCONCLUSO

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 2 jun 2020
  • 3 Min. de lectura

La desigualdad está en el corazón del capitalismo. En manos de quién está ese sistema, es su verdadero problema. Mientras los estados nacionales, con mayores o menores dificultades, enfocan sus recursos en políticas públicas en la lucha contra el COVID-19, los dueños del capital real siguen buscando la forma de sostener sus riquezas y asegurar su poder y dominio.

Es así que las palabras de Nick Hanauer, uno de los miembros fundadores de Amazon y una de las personas que forman parte del 1% de la población mundial que detenta más de la mitad de la riqueza mundial, sirven para entender cómo el capitalismo buscará en los próximos años reacomodarse ante un nuevo paradigma político, económico y social.

En una charla Ted del año 2014, el multimillonario plutócrata lanzaba una advertencia a sus correligionarios: abran los ojos. Nick Hanauer entendía que de seguir agravándose la creciente desigualdad mundial entre lo que más y menos tienen, el mundo corría el riesgo de volver a un estado rentista neofeudal con hordas en busca de la cabeza de sus líderes. Y los que estudian la historia, ya saben cómo termina. “Horca y cabezas rodando por el piso”, dice el empresario en su charla, dejando en claro por otro lado que su discurso no tiene nada de populista ni de progresista. Él es un capitalista orgulloso y explica que el problema, lejos de ser una cuestión ideológica, es pragmática y tiene solución. Sólo depende de la buena voluntad de los dueños del 50% de la riqueza mundial.

En ese marco, su discurso es una premonición: el capitalismo debe buscar en los próximos años la manera de correrse de la ideología liberal que le ha servido a sus intereses en los años anteriores y desconcentrar esa riqueza para hacer un mundo menos desigual. ¿Por qué le importaría tanto a un multimillonario construir un mundo más justo? Es válido preguntárselo. Pareciera el discurso de un buen samaritano pero Hanauer no lo es. Simplemente entiende que la sociedad no puede seguir soportando la creciente desigualdad.



Así se verifica que el verdadero problema del capitalismo no es ni la falta de inversión, ni la productividad, ni la pobreza. El problema es la desigualdad extrema. Bien sabe Hanauer y lo explicita en su discurso, que cierto nivel de desigualdad es importante para una democracia capitalista de alto rendimiento. El problema es que la desigualdad está en sus máximos niveles históricos y es cuestión de tiempo hasta que la sociedad se rebele, porque ninguna sociedad puede soportar por más tiempo la evidente desigualdad que empeora día a día. De esa forma, alienta a los otros multimillonarios a que despierten, porque la desigualdad económica es auto destructiva para los intereses del capital. ¿Hasta cuándo se puede seguir concentrando riqueza?

En ese sentido, en nuestro país se discutió hace días la necesidad de implementar un impuesto a las grandes riquezas. El proyecto de ley encontró una feroz resistencia entre la derecha, las usinas de ideas liberales y los sectores de poder, lo que revela que la ideología liberal sigue luchando en esta parte del continente por sostener sus intereses y seguir perpetuando su dominio. En un mundo con estados nacionales que se cierran fronteras adentro, con gobiernos que priorizan la salud y la economía de los habitantes de sus territorios y con la incertidumbre de qué mundo vamos a encontrar a la salida de la cuarentena, quizás sea el momento de repensar y debatir qué tipo de capitalismo es el que queremos construir de aquí en adelante.

Mientras en nuestro país la derecha discute y se resiste abiertamente a un impuesto que afecta al 0,01% de la población, el capitalismo mundial busca nuevas herramientas que le permitan evolucionar día a día, creando las bases que le permitan quedar mejor parado frente al nuevo paradigma que está a la vuelta de la esquina.

Será cuestión de debatir inteligentemente qué tipo de sociedad queremos para nosotros, entender que la economía no es lineal ni eficiente como lo plantea el neoliberalismo, sino que al contrario y con los resultados a la vista, estamos lejos de ser una sociedad justa y equitativa. Debemos construir una economía, con la ayuda de todos los sectores, que luche abiertamente contra la desigualdad para construir una sociedad mejor.

 
 
 

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