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Fortaleciendo el Estado, liberamos la Nación

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 3 jul 2020
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 8 jul 2020

*Por Matias Covelli Hace ya varias semanas, volvió a calar fuerte en el discurso antipopular de los medios hegemónicos de comunicación un mensaje que de vez en cuando se suele instalar, sobre todo, cuando hay gobiernos de tinte nacional, popular, democrático y plural, pero con especial énfasis, cuando gobierna el peronismo. Como un reloj suizo, salieron en tándem dirigentes de la derecha argentina (UCR, PRO, CC, liberales, etc), empresaries, saqueadores del Estado y periodistas “independientes” a pedir que se reduzcan los sueldos de funcionarios y funcionarias del Poder Ejecutivo Nacional y también del Poder Legislativo. Ahorro que resultaría totalmente insignificante en cuanto a gasto público se refiere, pero finalmente descartado con la aclaración que hizo nuestro Presidente Alberto Fernández a los pocos días, donde indicó que ningún funcionario o funcionaria de su gobierno tiene dólares en paraísos fiscales, ni son multimillonarios, y que todos viven de su sueldo.

Claro está, esto llevó a una ola de opiniones absurdas y vacías de contenido explicativo, donde se vuelven a reflotar viejos conceptos que nos insertó el (mal) “sentido común” para dirigirse a les estatales, con unos calificativos nuevos que, en algunos casos, ya acostumbrades (lamentablemente) a los agravios, nos resultaron chistosos. En los 4 años de gestión PRO vimos cómo desde las más altas esferas del gobierno imperialista se intentó desprestigiar y estigmatizar la labor de les empleades del Estado, vinculándolos con la militancia (independientemente de que esto nos pueda generar coincidencias o diferencias) pero encasillándolos de manera hostil, como si el empleo público fuera el responsable de los males que le ocurren al país.

Se intentó, de una manera burda y torpe, relacionarles directamente con “los kirchneristas”, “los kukas”, “los choriplaneros” y “los negros de mierda”. Lo que se ponía en tela de juicio no eran las aptitudes o cualidades técnicas que tenían (o no) las personas para ocupar dichos puestos de trabajo, sino que con un prejuicio odioso se las trataba de “grasa militante”. Con frases tales como “El Estado no es una bolsa de empleo que deba pagarle a una cantidad enorme de militantes” se montaba un escenario donde la corporación “político–mediática” metía en el inconsciente clasemediero argentino la idea de que el gran culpable del déficit fiscal era “el estatal”. Achicar el Estado a su mínima expresión era lo que pregonaban los paladines del “superávit fiscal”.

En el Estado Argentino (nacional, provincial y municipal) y en sus tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) según un informe del CIPPEC, hay aproximadamente entre 3.900.000 y 4 millones de empleades publiques. A diferencia de lo que se cree en el imaginario común, la gran mayoría (entre un 60 y un 70 %) corresponde a personal de la educación, fuerzas de seguridad y profesionales de la salud, trabajadores y trabajadoras que nadie se animaría a criticar y que en este contexto de pandemia en el cual nos encontramos, más de una vez se los ha aplaudido por su labor. Pero no solo de ese personal se nutre el Estado.

Aparte de ser les auxiliares y docentes que bancamos las escuelas destruidas por la ineficacia de los gobiernos y también de ser les profesionales de la salud (enfermeres, mediques, camilleres y ambulancieres) que cuidamos a todes en los hospitales y salas de atención médica, también somos les trabajadores sociales que bajan a los territorios brindando asistencia social a nuestres niñes y sus familias. Somos les que nos ocupamos de repatriar a nuestres compatriotas varados por todo el mundo para que puedan volver en este contexto mundial tan adverso. Somos les que llevamos las políticas públicas implementadas por ANSES Y PAMI a nuestres adultes mayores y a las personas que necesitan más que nadie la ayuda de un Estado que trate de cubrir las necesidades básicas insatisfechas. Somos les que nos pusimos al hombro los operativos territoriales de todos los programas de emergencia nacional por el COVID-19 (por ejemplo, el operativo DETECTaR es el que más relevancia mediática tiene por la coyuntura que atravesamos), donde vemos infinidad de empleades publiques arriesgando su salud y estando en la primera línea de fuego, no por un aumento en su remuneración, no por vanidad, sino por la vocación de servicio y el amor a su patria que nuestres empleades publiques tienen. En fin, somos les que llevamos el Estado a los sectores más postergados, olvidados y recónditos durante estos 4 años de gobierno neoliberal y oligárquico.

Entonces, ya que hablamos de les estatales, en qué se relacionan estes con “la militancia”. Según el diccionario, “militancia” significa “pertenencia de una persona o un grupo a una organización, especialmente a un partido político”. Hasta ahí, ninguna relación. Pues, bajo ningún punto de vista, la afiliación político-partidaria-sindical a una agrupación es requisito para ser trabajador o trabajadora del Estado. Pero hay una segunda definición de “militancia” que ahí es donde se encuentra un punto de unión con el concepto de “trabajador/a estatal”. Dice esta definición “Adhesión a unas determinadas ideas y defensa de las mismas”. ¿Qué tiene que ver entonces la militancia y el trabajador estatal? Todes les trabajadores del Estado defienden una idea. Más allá de la simpatía por una agrupación u organización política, sindical o social, todes entienden que trabajar en el Estado es servir al otro.

Vos podés ser de derecha de izquierda o de centro. Progre. Liberal. Lo que no podés desconocer, es que si trabajás en el Estado, tenés que tener la capacidad humana de ponerte constantemente en la piel del otre. Entender las injusticias ajenas como propias, porque únicamente de esa manera podés aportar una solución. Ahí, donde confluye lo solidario, lo colectivo y lo comunitario, es donde, como militantes, como trabajadores estatales, pero, ante todo, como personas, tenemos el desafío de superarnos para alcanzar la justicia social.

Más allá del claro odio de clases que sienten (y sintieron) les representantes del gobierno de Mauricio Macri, la clase empresarial, el “circulo rojo” y el periodismo rentado por el poder hegemónico real contra el laburante o la laburanta del Estado y contra la militancia en su conjunto, a nosotres ese EJE DEL MAL nos necesita para otra cosa. Nos necesitaban para exponernos ante la sociedad. Para ser los fusibles públicos de un proyecto político, social, económico y cultural que nada tiene que ver con lo que el pueblo realmente necesita para ser feliz y autosuficiente. Un proyecto donde la propiedad privada esté por encima del bienestar social. Donde lo nacional y popular no tiene cabida, pero las importaciones se liberan y matan a paso firme la industria nacional. Un proyecto que se basa en darle más a los que más tienen, en detrimento de les más necesitades.

Claro ejemplo de lo anterior es la escalada de tarifazos sin pausa que tuvimos en el periodo 2016 – 2019 y donde los grandes popes de la electricidad y el gas se llenaron los bolsillos para girar los dólares al exterior y que reinvertido no veamos un solo dólar. Vinieron a invertir la pirámide social que tanto nos costó construir entre todes. Mientras la sociedad discutió o discute el rol de un simple laburante del Estado, discute el sueldo mísero que percibe (que por cierto, más del 60% de les estatales, según ATE, ganan salarios por debajo de la línea de pobreza) por atrás estos personajes nefastos firmaron acuerdos y cedieron terreno a los sectores más concentrados de la sociedad.

Un gobierno presente necesita laburantes presentes que se carguen al hombro la gestión. Que tengan ese sentido de pertenencia y que vea que su esfuerzo se convierte en resolución de esos conflictos sanitarios, sociales, económicos, culturales, sociológicos, y toda índole. Somos de les que consideramos al Estado como la única herramienta que tienen los pueblos para poder transformar sus realidades. Creemos profundamente en un Estado presente en todas las actividades que lleva adelante una comunidad, regulándola y creando soluciones de fondo para todes y no para unes poques. Donde la igualdad de oportunidades para toda la sociedad entierre la meritocracia. Donde lo comunitario y lo colectivo limite el individualismo.

Por eso necesitamos que el gobierno profundice lo iniciado el 10 de diciembre del año pasado. Para volver a tener un Estado presente y que vuelva a estar al servicio de su pueblo, manejado por personas con sensibilidad social y que conozcan los problemas de las bases. Estamos bien por este camino, pero no tenemos que dormirnos y, por el contrario, tenemos que profundizar más ese espíritu de solidaridad y lucha colectiva para poder hacer feliz, de una buena vez y para siempre, a nuestro hermoso pueblo.

 
 
 

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