ESA PUTA SORORIDAD
- Insurrecta Revista

- 8 feb 2020
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Debido a las recientes repercusiones que tuvo la acción publicitaria del nuevo tema musical de Jimena Barón, se desataron amplios debates bajo diversas formas respecto a la cuestión abolicionista o regulacionista del trabajo sexual. Cuando se toca un tema tan complejo como éste es preciso hacerlo con sumo cuidado y escucha activa de todas las opiniones fundadas, dado que no debiera romperse al paso del debate todo aquello que tienda a dar emancipación y bases sólidas a la construcción permanente de un feminismo revolucionario, solidario y empático.
En torno a esa cuestión será fundamental, entonces, no esconder bajo la alfombra el debate urgente sobre el trabajo sexual y todo lo que el mismo indicador conlleva. Las tensiones que genera dentro del movimiento feminista son históricas, y como lo es también la cuestión sobre la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, está presente en todos lados. Las feministas sabemos que cada vez que tratamos de levantar la voz frente a estas problemáticas se genera una contienda de descalificaciones, con otros y mutuas entre pares.
Será menester entonces ser responsables en cuanto a qué comunicamos, cómo lo comunicamos, quién comunica. ¿Estamos siendo responsables de los desencadenantes que puede generar una acción de éste tipo? ¿Lo hacemos desde el ego del marketing o desde una posición política? ¿Tengo una posición tomada al respecto? ¿Puedo fundamentar lo que digo y defiendo? ¿En qué o en quién me respaldo?
El cuestionamiento permanente es parte de los fundamentos del feminismo. Estamos para replantear y cuestionar todo. Pero es real que debemos ser responsables de cómo lo hacemos. Ahora bien, es tal la dualidad y controversia que genera este asunto, que desde una perspectiva militante si aún no tenemos una postura tomada, debemos tener un compromiso de estudio continuo sobre un tema no menor como éste: El abolicionismo nos plantea un marco teórico inmenso donde resguardarnos para defender ésta posición. Sabiendo que el modo de producción capitalista ha provocado los trastornos sociales que han dado vida y fomentado la violencia en la cuestión feminista.
¿Cómo se piensan los cuerpos desde el abolicionismo? ¿Las mujeres son mero objeto de consumo? ¿Son sólo mercancías? ¿Valemos por nuestros cuerpos o deberíamos valer por nuestras habilidades? ¿Es realmente una trabajadora sexual libre de su decisión, tratándose además de una “fuerza de trabajo” voluntaria? ¿Alcanzan estas personas a conquistar su independencia económica? ¿Realmente cuando un hombre paga por sexo le está dando un trabajo o la está esclavizando? ¿Está realmente desvinculado el trabajo sexual de la trata de blancas como plantean quienes defienden el regulacionismo o es más bien una cuestión intrínseca?
Frente a estos interrogantes, también con un vasto marco teórico, se alza la voz de quienes defienden el trabajo sexual y es cuando arde troya: “Derechos laborales para las trabajadoras sexuales, alternativas para quienes el trabajo sexual no fue una opción ni elección” ¿Realmente se le puede prohibir a otra compañera el derecho a un trabajo, obra social, vacaciones, etc? ¿Se posa sobre el otro discurso (el abolicionista) la moral? ¿Está bien o está mal ser prostituta? ¿Tiene el otre derecho real a ejercer la libertad sobre su cuerpo? ¿Hay una romantización de la prostitución? O ¿Qué es lo que condiciona a una mujer y disidencia/ no binarie a “elegir” el trabajo sexual como su fuente de independencia económica?

¿Puedo opinar yo de tal o cual tema si no lo estoy padeciendo? ¿Hablamos desde la empatía o el privilegio? ¿Qué cuestionamos? ¿A quién cuestionamos? ¿Asumimos nuestras contradicciones o solo damos discursos cerrados? Esta causa debe moverme, moverte, movernos, si debe hacerlo. Ya, de manera urgente. La prostitución existe. ¿Qué hacemos con eso? Y acá debemos a ser muy determinantes: La pobreza es también un condicionamiento social muy fuerte. La pobreza agrava la vulnerabilizacion. Nuestro status social nos condiciona. Cabe mencionar que más del 90% del colectivo trans no tiene acceso a un trabajo formal, por lo que para muchas de ellas y muchas mujeres pobres, migrantes, solteras, la prostitución no deja de ser una consecuencia indeseable, más allá de ser una alternativa.
Se presentan dos realidades frente a este punto: El derecho a elegir el trabajo sexual entonces como fuente de ingreso ¿Es realmente por la libertad de elección o porque se sienten en una encrucijada respecto a la urgencia de parar la olla las jefes de hogar? Las leyes no se deben proponer solo para castigar, sino que su misión es también amparar y proteger al les más débiles. ¿Cuáles son las consecuencias que se producen cuando el Estado le niega derechos a un sector de la sociedad? ¿Cuáles son esos derechos de los que se ven despojadas miles de mujeres y disidencias trans?
Surgen dos momentos fundamentales en torno a esta cuestión: uno es el relato teórico que podemos dar, y otra cosa es la cotidianeidad a la que nos enfrentamos diariamente. Para que el regulacionismo actúe efectivamente como regulador de leyes y respaldo para las mujeres y personas no binaries que desean ejercer libremente y por decisión propia el trabajo sexual, sin que estén atadas al deseo prostibulario por necesidad, es necesario que sigamos exigiendo al Estado que genere políticas claras y concretas de inserción de quienes están por fuera de todo el sistema productivo.
La primera tarea por cumplir es indiscutiblemente, atacar todo lo que, desde hace años, en la sexualidad, pregonaba la supremacía del hombre sobre la mujer. El acto sexual no se realiza en el vacío aunque sea un acto “íntimo”. El coito, aunque parece constituir meramente una actividad biológica y física, se halla fuertemente arraigado en la amplia esfera de las relaciones humanas que terminan por representar actitudes y valores aprobados por la cultura.
Es preciso que la mujer deje de ser mendiga de protección de los hombres y pueda vivir su vida sin sacrificar su felicidad. Por lo que debemos inmediatamente rediscutir los términos y cosas negativas que producen estos debates cuando son fomentados desde la violencia verbal, para con y solo con las mujeres, ya que lo único que se hace más viril cuando el feminismo se fragmenta, es el patriarcado.
Instruir a la mujer es hacerla digna y empoderarla. Abrirle un campo más vasto de relaciones, para que no se sienta sola y así arrancar a la degradación muchas de sus víctimas. Estas líneas no proponen una verdad ni una síntesis, pero si propone visibilizar la otra arista invisible que generó la “forma” en que se llevó a cabo una acción de marketing, respecto de un tema tan delicado. De un lado y de otro de los discursos polarizados, la violencia verbal entre mujeres se hizo presente.
El planteamiento entonces, es el siguiente: Mientras se pone sobre la mesa esta discusión, también pensemos, desde donde hablamos. Que el privilegio no nos nuble la empatía. Más responsabilidad a la hora de comunicar. Menos mediatización del show. Más feminismo y sororidad. La sororidad es un arma política y práctica del movimiento feminista actual, que nos lleva a la búsqueda de vínculos y relaciones de alianza para poder existir.
Sororidad codo a codo con otras mujeres y disidencias, para llegar a la eliminación social /cultural de todas las formas de opresión, para lograr ser conscientes respecto de la misoginia sus fundamentos, prejuicios y estigma. Es un atrevimiento personal y colectivo para desmontar el andamiaje patriarcal. Que el feminismo nos abrace a todas las mujeres y disidencias oprimidas por el mismo sistema capitalista y machista. Primero la colectivización compañeras, después mecanización.
Autoría: Romina Collazzo




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