OTRA VEZ LES PIBES
- Insurrecta Revista

- 23 may 2020
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En la historia Argentina, a partir de la inserción de les jóvenes como actores y actrices politiques, hemos visto cómo se convirtió la calle en la principal herramienta para hacer de la política un verdadero motor de la transformación social, de la lucha contra las desigualdades.
Cuando nos arrebataron la democracia aprendimos a resistir y organizarnos. A pensar en un mundo mejor, donde todes fuéramos les que escribimos, pensamos, construimos y actuamos. Dando la pelea para no tener sobre nosotres una imposición cultural nefasta que trató de borrarnos, de idiotizarnos, destruirnos, desaparecernos, censurarnos y matarnos.
Luego, llegó el momento donde se volvió a elegir y pensar críticamente con libertad. Esa primavera democrática que marcó en la vida de varies jóvenes la oportunidad de transformar la patria por medio de la militancia. Les pibes eligieron nuevamente hacer de la política un construcción plural, de creer en una democracia donde se entienda que, por medio de esta, se puede obrar en función de las mayorías populares.
Para el final de siglo, de ése "salariazo y revolución productiva" que un Presidente nos vino a prometer, aprendimos a identificar cómo el individualismo y la meritocracia -residuales de un proyecto de país genocida- se había perpetrado en nuestro tejido social para quedarse por años. A partir de ese momento, les jóvenes, entendimos que la organización colectiva y popular tenía que ser el instrumento principal para hacer frente al neoliberalismo y la exclusión de les postergades.
Después de varios de años de hegemonía neoliberal y de injusticias, decantamos en el 2001. La derecha demostró, una vez más, que había llegado para deslegitimar la representatividad popular y democrática, a cambio del beneficio de unes poques. Les jóvenes esta vez aprendimos a que no podían ser elles, no podían ser sus intereses, los que controlaran los espacios de poder y de decisión.
En medio del hartazgo generalizado de no encontrar representantes y dirigentes, llegó Néstor. Llegó para transformar, para convencer, para conmover pero sobre todo para recuperar la esperanza. Nos invitó a volver a transgredir, a ser partícipes de la historia y de la agenda política. Sentimos que había un gobierno que nos permitía tomar, lo que por derecho democrático, era nuestro.
Con Cristina fuimos más allá, nos consolidamos como ciudadanes plenes de derecho, capaces no solo de participar sino también de protagonizar.
Durante los 4 años de macrismo, en un intento de imponer un modelo de país donde la Argentina otra vez perdiera la esperanza de realizarse soberanamente, supimos dar respuesta organizada como sector político inclaudicable en su convicción. Ya para disputar los espacios de decisión y administración de la “cosa pública". Era hora de que también nos toque a nosotres decidir. Era momento de patear el sentido común y las lógicas viejas, pensando en un proyecto nacional, popular, democrático y feminista.

Nos organizamos de forma colectiva para dar una lucha cultural y política contra las opresiones, a las cuales fuimos contemporaneos y contemporaneas cada une en su época. Aprendimos a ser ese factor único e inigualable para un modelo de país que confluye en la justicia social, en la empatía y en la solidaridad. Teniendo como denominador común la calle y la organización popular.
Hoy, en mano de un gobierno nacional y popular, tenemos que aprender a militar y a transformar las realidades de los pueblos, contextualizándonos en la pandemia que nos atormenta y una cuarentena que se impone para salvaguardar la vida de millones de argentines.
Hoy, sin la calle como instrumento de manifestación y de encuentro, el desafío es poder interpelarnos con las demandas de les jóvenes, en todos los espectros sociales, que se incrementan en estos tiempos de crisis. Pero sin dejar de fortalecer las discusiones políticas, corriendo el sentido común para deconstruir las lógicas establecidas.
Tomemos este tiempo para colocar en el horizonte ese modelo de país que soñamos, a raíz de nuestras perspectivas, nuestras demandas, intereses, convicciones y objetivos. Tengamos en nuestra militancia integral, la capacidad de aportar la mente y el cuerpo en las discusiones que se vienen. Debatamos nuestro presente y futuro.
Supimos organizarnos, resistir, transgredir y protagonizar. Volvamos a ser revolucionaries y protagonistas en la construcción de una patria libre justa, soberana e inclusiva.




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