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RESOLVER LO URGENTE

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 17 oct 2019
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: 29 nov 2019

En estas semanas donde el debate por el medioambiente nos interpela a todxs debemos articular una visión integral respecto a esta temática que nos sirva como eje para ordenar nuestra militancia, nuestro discurso y nuestra vida cotidiana.



El compañero Leandro Santoro resalta constantemente que la batalla frente al neoliberalismo debe darse desde lo cultural; poner en el centro “la vida”, desde la solidaridad, la poesía, frente a los modos de vida que propone el mercado y el individualismo. Para dar la batalla cultural necesitamos tener una visión y práctica ambiental que sea parte estructural de nuestra militancia. La conciencia ambiental no es la idea romántica que busca siempre oponerse al desarrollo económico y tecnológico, más bien esas visiones son parte de esa cultura reaccionaria que impone el mercado, visiones individuales y particularizadas pueden caer en lo mismo. Ante esto nosotrxs como cuadros políticos tenemos la responsabilidad de llevar adelante una agenda ambiental que pueda ir de la mano con el desarrollo económico, y que fundamentalmente abone al desarrollo humano. Proponer, por ende, un modelo alternativo al extractivismo en el que ha estado inmerso nuestro país. Felix Guattari propone entender la discusión ecológica como eje articulador de esa alternativa a los dispositivos de producción subjetivas del mercado, por eso habla de la ecología mental, social y ambiental.



Estas 3 ecologías coinciden con lo que en nuestra militancia se construye como contra-cultura;


Ecología mental: Cómo ponemos en valor el desarrollo humano y el vivir bien, frente a la competencia y el consumismo, el feminismo como bandera del aprender a vincularnos afectivamente de otra manera, y el valor de la amistad.


Ecología social: Tener el valor de la solidaridad como articulador de nuestra militancia territorial y como alternativa que hay que promover frente al individualismo, como construcción de soberanía popular.


Ecología ambiental: Nuestra militancia debe entender y sentir su pertenencia a la tierra, lastimarla es lastimarnos, aprender a vincularnos de otra manera con lo viviente no humano y con los ecosistemas en los que estamos inmersos, y abonar a un modelo de producción alternativo al extractivismo colonial que ha regido las relaciones económicas de nuestro país desde su surgimiento.


En lo siguiente vamos a incursionar un poco más en la ecología ambiental, dado que es nuestro punto flaco donde aún no hemos cerrado un discurso articulador y pragmático para llevar a la práctica militante. Está claro, debido al movimiento de estas semanas, que la discusión por el medioambiente empieza a tomar volumen con las nuevas generaciones, con esxs pibes que saben que si el sistema continúa, con estos niveles de contaminación ambiental, se quedan sin ecosistema habitable para su futuro. Tanto es así que surge este nuevo fenómeno mundial de lxs jóvenes que se organizan, desde el liderazgo de Greta desde Europa con los paros de los viernes. Ya son millones en todo el mundo, se comprometen con la causa. Nos plantean que es urgente bajar las emisiones de gases de efecto invernadero, así como intervenir sobre el fuego del amazonas. Inauguran un nuevo discurso ambiental en el que la política es la que tiene que tomar las riendas del sistema para evitar el desastre y recuperar los ecosistemas ya afectados.

Nuestra militancia no debe aislarse de esa lucha pero debe a la vez dar la batalla por lo urgente de nuestro presente concreto y más cercano; donde tenemos miles y miles de familias viviendo en los basurales del Buen Ayre, o en la costa del riachuelo, donde la vulnerabilidad social y la desigualdad llevan a millones de compañerxs a vivir en condiciones inhumanas, donde no solo falta el pan sino también proliferan las enfermedades y las problemáticas de hábitat e higiene. Así como miles de compañerxs están siendo afectadxs día tras día con la fumigación y fertilización con agrotóxicos, escuelas rurales y centros urbanos que se ven contaminados por la falta de control y regulación por parte de lxs agricultores y el Estado, miles de pueblos y ciudades con el agua contaminada por el glifosato, y enfermedades que proliferan, como el crecimiento de variados tipos de cáncer a lo largo de todo el país.





El modelo de producción agro exportador no solo está destruyendo el suelo, rompiendo el equilibrio del ecosistema y afectando a la salud de nuestrxs compañerxs. Favorece además a lxs grandes exportadores y multinacionales, en detrimento de lxs pequeños y medianos productores. Ni hablar de cómo este modelo extractivista pone en riesgo con la deforestación a comunidades y ecosistemas al norte de nuestro país, y como la minería y la explotación de hidrocarburos, de la mano de multinacionales, se llevan nuestros recursos naturales muchas veces sin respetar ni siquiera nuestras propias leyes.


En el 2018 el gobierno de la ciudad de Buenos Aires aprobó la incineración de basura y para colmo este año el gobierno nacional ratificó el rumbo aprobando el decreto que autoriza a importar basura.

¡No se puede esperar más! es fundamental que tomemos cartas en el asunto y que el estado se haga cargo de esta problemática en todos sus niveles.


La militancia tiene que desechar esa falsa dicotomía (funcional al sistema y a los intereses económicos) de la agenda ambiental como contraria al desarrollo económico y la lucha contra la desigualdad.


Es cada vez más evidente que va en paralelo con el desarrollo económico y está implicada en la lucha contra la desigualdad, porque las poblaciones más afectadas son los barrios más vulnerables. La militancia tiene claro que para resolver esto necesitamos recuperar la política de las manos de los intereses económicos. Sabemos que no vamos a resolver el problema ambiental global, hasta que no haya un control político real, donde prime la representación de la vida y el desarrollo humano por encima del mercado y los intereses económicos. En Argentina esta discusión es vana si el neoliberalismo sigue gobernado y los grupos económicos continúan devorándose nuestros recursos, necesitamos un modelo de producción nacional que supere el modelo de extractivismo, que ha regido nuestro país desde la colonia.


La falsa dicotomía puede superarse con una visión político pragmática que sepa transitar la contradicción, que salga de los esquemas duales de análisis y que supere la visión cartesiana así como el romanticismo de la reacción. El mejor ejemplo que tenemos de esto es nuestro país vecino de Bolivia, donde el gobierno supo mantener el crecimiento económico a tasas impresionantes mientras el mundo no logra recuperarse aún, de la crisis del 2008. Esto se dio de la mano de un cambio de paradigma político, con la incorporación del Articulo 33 en la Constitución, donde se pone el derecho al ambiente equilibrado y saludable, estableciendo desde el Estado la prioridad del cuidado de la Pachamama, así como las leyes de protección y de nacionalización de la explotación de los recursos naturales.


También entendemos que se necesita para esto nuevas tecnologías, más innovación científica y mucho incentivo del Estado. Nos mentiríamos a nosotrxs mismos si decimos que vamos a terminar con el extractivismo de los recursos naturales en el corto plazo, porque necesitamos urgente reactivar el modelo de inclusión social y combatir la desigualdad. Solo puede hacerse efectivo encaminándonos a un modelo alternativo de producción nacional, que vaya rompiendo con la matriz oligopólica y agroexportadora, fortaleciendo a lxs pequeñxs productores, a lxs campesinxs, incorporando valor agregado a la materia prima y diversificando la producción. El estado debe realizar fuertemente un incentivo a la investigación científica que permita reducir los daños del extractivismo. Un ejemplo de esto es la tecnología de YPF en la perforación de los suelos para buscar hidrocarburos. En las ciudades hay que mejorar los sistemas de reciclado de basura de la mano de lxs cartonerxs y recicladores a quienes se les debe mejorar las condiciones de trabajo, y así también reducir los basurales en los barrios más vulnerables, en contraposición a la solución fácil de la incineración que propone el macrismo. Darle mayor entidad y presupuesto a ACUMAR y su plan integral de saneamiento ambiental para proteger a las miles de familias que viven en la cuenca del Riachuelo, para ejercer control sobre los deshechos de las empresas con incentivos, y así recuperar la cuenca como un ambiente saludable para lxs millones de compañerxs.



Es paradigmático lo que viene sucediendo en la agricultura, donde en estos últimos años surgieron miles de experiencias alternativas, racionales, agroecológicas que no solo demostraron que se podía producir sin dañar el ecosistema sino que hasta puede ser igual o más rentable; cada vez son más y más los campos que deciden empezar a dejar de usar agrotoxicos, para producir conscientemente, requieren de mucho menos inversión y reducen los riesgos pero también porque han encontrado una demanda creciente de estos productos. El Estado tiene la capacidad y no le resultaría muy costoso incentivar y promover esa demanda, así como dar herramientas y recursos a estas producciones, fortaleciendo a lxs pequeñxs y medianxs productores.


La ganadería racional por su parte mejora la rentabilidad, posibilita otro trato con el animal, respeta el suelo y reduce la emisión de gases, permite que no se necesite tener demasiadas hectáreas de campo para poder alimentar a un lote, que con conciencia e innovación se puede hacer rendir muchísimos más la hectárea sin necesidad de recurrir a la alimentación por granos y los feedlots, es más rentable que la ganadería tradicional y requiere menos inversión dado que solo se invierte en la innovación y la mano de obra. Incorpora la posibilidad de que la producción agropecuaria pueda entender al animal como sujeto, dado las miles de experiencias en las que se elimina todo tipo de violencia en la cría y el engorde y donde se trata, como debe ser también en los demás ámbitos, de recuperar el ecosistema conforme al plan de la naturaleza; si se respeta el proceso de la alimentación, los desechos sirven de abono, la rotación le da fuerza y rápido crecimiento a las pasturas, mejora el suelo, y con el tiempo se deja de necesitar antibióticos y desparasitar, equilibrando de esta manera el ecosistema y esto trae aparejado que el animal reduzca la emisión de gases.


Es pertinente agregar también que tenemos mucho para crecer tecnológicamente con energías renovables, incentivando a lo largo y a lo ancho del país la energía eólica y la energía solar; hay que ampliarlas e innovar con más investigación volcada al tema.

Desde lo micro tiene que estar la necesidad de cuidar nuestro propio cuerpo, nuestros hábitos y sobre todo nuestra alimentación, no en función de lo que el sistema promueve, consumo chatarra y dietas superficiales, sino una alimentación que priorice nuestras necesidades, incentivando el consumo de los productos regionales de pequeños productores, recuperando el debate por la soberanía alimentaria. Así como venimos hablando de recuperar la ética y la ética de la solidaridad, también tenemos que reconfigurar nuestra forma de vincularnos con el entorno que nos rodea, no destruir los ecosistemas en los que estamos inmersos y vincularnos con lo viviente con empatía.


Con todo esto lo que queremos dejar en claro es que sabemos que lo primero que hay que hacer en nuestro país es recuperar el crecimiento económico y combatir la desigualdad, pero no nos comamos la falsa disyuntiva y sepamos que en paralelo es urgente tener agenda ambiental. Necesitamos reivindicarnos como hijxs de la tierra y no ya como sujetos aislados (otro modo más de enfrentar el individualismo). Respetar la tierra, respetándonos a nosotrxs mismxs y a nuestrxs compañerxs, continuar la pelea por un modelo de país hermanado a América Latina, para romper definitivamente con el modelo de explotación colonial.

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