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¡Son las retenciones, sojero!

  • Foto del escritor: Insurrecta Revista
    Insurrecta Revista
  • 16 dic 2019
  • 5 Min. de lectura


De las políticas implementadas para el sector agropecuario, la más conocida, debatida e ideologizada han sido las llamadas "retenciones". La pregunta es, ¿qué tiene de especial? ¿Qué fibra sensible toca en los representantes del sector agropecuario para que se generen las reacciones que hemos escuchado y vivido estos años? ¿Cuál es el debate que despierta las retenciones?


En primer lugar, aclarar. Esta nota no pretende discutir de costos ni comparar los momentos de implementación de ambas políticas. La idea es parar la pelota, ver el campo (valga la redundancia) e identificar los nudos más conflictivos que tiene este tema: la estructura productiva desequilibrada y la idea de justicia social.


En ese sentido, debemos de recapitular cómo se construye la hegemonía del campo y las relaciones que se establecen con el Estado. Desde la educación primaria se nos instala la noción de que Argentina es el "granero del mundo", en donde la división internacional del trabajo determina que América Latina da los productos primarios, que luego serán industrializados por Europa para ser consumidos, ahora sí, en América Latina. Esta visión sobre el país se condice con los debates y la consolidación de un federalismo con una fuerte impronta de la región pampeana, tanto por una preponderancia económica como por la concentración del poder político en la provincia de Buenos Aires. La consolidación de la hegemonía pampeana fue el resultante de dicha concentración, como así también de las campañas militares de ocupación en la Patagonia y en el Chaco argentino. Así se generó la estructura federal argentina, liderada por la hegemonía de la región pampeana.

¿Por qué irnos tan atrás en la historia? Porque la estructura institucional que se genera en ese momento facilita, a grandes rasgos, una división estructural con eje en la concentración, que tiende a reproducirse en sí misma y a generar un desequilibrio estructural de las regiones argentinas. La consolidación de los organismos que nuclean productores como la Sociedad Rural Argentina, por citar uno, tienen origen en el modelo agroexportador, siendo los representantes de la ideología de este momento que han tratado reproducir a lo largo del tiempo.


Sin embargo, lejos de solucionarse, esta concentración se profundizó. En ese sentido, en esta heterogeneidad que produce la concentración del sector agropecuario, nos encontramos con la famosa "Estructura Productiva Desequilibrada". Esta se origina por el desequilibrio de productividades entre un sector altamente productivo, el primario, generador de divisas y uno de baja productividad, el industrial, demandante de divisas. El problema radica en que el primero no genera empleo y el segundo si, por ende se hace necesario el desarrollo de este, para equilibrar las productividades.


Los movimientos pendulares, el stop and go, las presiones del campo y las crisis no son novedosos en nuestro país. Así y todo, fue el conflicto de la "125" uno de los más importantes en nuestra historia. El conflicto más extenso con el sector agropecuario, durante ciento veintinueve días, tuvo un impacto directo en el abastecimiento de las principales ciudades, renuncia de quien entonces era el Ministro de Economía, acciones legales en contra de algunos de los referentes de las organizaciones agropecuarias mencionadas (quienes hace algunos días han sido procesados y embargados) y la derogación, finalmente, del decreto.




¿Por qué traer este hecho nuevamente al debate? Porque frente a cada nuevo enfrentamiento y crisis con el sector agropecuario nos lleva a discutir los modelos de desarrollo que hay.


En primer lugar, el modelo agroexportador, concentrado, que ha vivido muchos cambios con los procesos de globalización: generación de los pool de siembra, especulación con las liquidaciones, transformación en la figura del productor, modificaciones genéticas de las semillas, etc. Un modelo agroexpotador que ya no es lo que era, que radica sus ideas en torno a la exportación como status, desprestigiando el mercado interno y siendo indiferente a la propia realidad del país que habita.


En segundo lugar, el fortalecimiento de algunas economías regionales (que han tenido su mejor momento durante el 2003 - 2015, y vieron su propio declive con el gobierno saliente), la organización de los agricultores familiares y la de producción orgánica. En este sentido, el debate de un modelo agropecuario con una visión soberana.


No debería sorprendernos a esta altura poder identificar una "grieta", dos modelos que parecieran antagónicos, con respuestas diferentes a un mismo tema, la redistribución y la producción. En este sentido, podemos ir un paso más adelante. ¿Cuál es el sentido de las retenciones en el modelo productivo agropecuario que pretendemos?


Acá encontramos uno de los puntos centrales para el debate en torno a las retenciones, o el impuesto a exportar. Históricamente, el sector agropecuario es un generador de divisas que no tiene el impacto social necesario para nuestra sociedad. No emplea y no invierte. La posibilidad de regular un impuesto a quienes generan divisas tiene un sentido de justicia social, de solidaridad. Quienes producen, quienes se enriquecen con el suelo argentino, a su vez invierten en la sociedad.


En ese sentido, podemos imaginar por un segundo. Necesitamos debatir con la ideología egoísta y concentradora que se encuentra detrás del ideal agroexportador. ¿Cómo podemos construir un modelo alternativo? Generando las condiciones de innovación necesarias que lleven a la incorporación de mano de obra y de tecnología dentro del sector agropecuario. Para que esto suceda es necesario pensar un sistema de financiamiento del propio Estado.


Cada vez que se abre el debate sobre las retenciones o la liquidación del campo, es una nueva posibilidad de debate sobre los modelos de desarrollo productivo del país. Es la crisis de un sector que cada vez se encuentra más concentrado y una posibilidad de pensar un sector agropecuario que posea más inclusión social, que tenga una visión de futuro y el valor de la soberanía en sus políticas.


Que el debate en las retenciones no nos limite a discutir de costos, que frente a la misma respuesta de los sectores más conservadores, propongamos debates más novedosos que vayan en consonancia con los debates que se dan en otros ámbitos, como el de la seguridad social.


Sólo así, vamos a dejar de discutir un impuesto, escondiendo un debate mucho más profundo: la posibilidad de cambiar quienes concentran el poder en la producción agropecuaria, para construir un modelo social que permita no sólo el crecimiento de quien produce sino de un país entero. El debate no es campo vs. Industria. Es crecimiento vs concentración. El debate es redistribución vs concentración. El debate es un modelo solidario contra el egoísmo.


Vivimos un proceso de transición, en donde lo viejo no termina de morir, lo nuevo no terminar de nacer. Y los monstruos pueden empezar a salir. Démonos la posibilidad de debatir, de pensar un modelo más justo y hacerle frente a los monstruos del campo.

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